En contra de la guerra que vamos a ganar

XOSÉ LUÍS BARREIRO RIVAS |

OPINIÓN

DICEN QUE el régimen más peligroso del mundo, cuya eliminación justifica una guerra, será derrotado en 72 horas. Dicen que Sadam Huseín no podrá hacer nada contra la maquinaria militar angloamericana, y que toda la vida del país será paralizada antes de que los paracaidistas desciendan sobre Bagdad. Y dicen que el mayor peligro que acecha a los expedicionarios son los accidentes que pueden sufrir al conducir sus vehículos por la arena del desierto o por carreteras mal señalizadas. Dicen todo eso, pero van a atacar igual, porque es la última oportunidad para hacer una guerra pensada para reordenar el Medio Oriente, controlar las fuentes del petróleo y reforzar la hegemonía militar americana. Todos sabemos que la versión aliada de la guerra es contradictoria, que ninguna potencia se derrota en tres días, y que todo el esfuerzo utilizado en encontrar motivos para una guerra se han resuelto en las bochornosas pruebas presentadas por Blair y Powell, y en una persecución de Al Qaeda que más parece extraída de un episodio de Mortadelo y Filemón que de un escenario bélico a gran escala. Pero todo eso ya está descontado por unos estrategas que en modo alguno pretenden vendernos la moto de una guerra necesaria y justa, sino el atractivo botín de un conflicto muy rentable, resuelto sin costes y con un paseo militar. Y ahí reside, precisamente, la mayor esperanza de los halcones, ya que están convencidos de que, tan pronto como la televisión muestre el botín de guerra, y aporte tres disculpas para la conciencia, toda la población de los países occidentales, atacantes y no atacantes, volverá a alinearse con la política americana, más preocupada por el reparto del petróleo y la evolución de la bolsa que por la tragedia del pueblo iraquí, por la escalada de la violencia terrorista o por la forma concreta en la que Bush administre su victoria. Y así se explica que Aznar tenga incluso más prisa que sus admirados Bush y Blair, porque necesita que el desfile victorioso por la Quinta Avenida neoyorquina tenga lugar antes de las elecciones municipales.Lo malo es que pueden tener razón, y que nadie pone la mano en el fuego para afirmar que las poblaciones y gobiernos que ahora condenan la guerra, van a mantener el pulso cuando empiece el jaleo. Y por eso conviene recordar que, más allá de las razones políticas y humanitarias que obran en contra del ataque, también existe una razón moral que compromete nuestras conciencias con la paz y la justicia. Porque, aunque no podamos parar el ataque, podemos impedir que la victoria sea provechosa. Y porque, si nos convencen de que algo hemos ganado, ya no haremos otra cosa que ir de guerra en guerra.