Una ministra en candelero

GERARDO G.MARTÍN

OPINIÓN

EL NOMBRAMIENTO de Elvira Rodríguez como ministra de Medio Ambiente ha llamado la atención especialmente en Galicia. De una parte, ha anunciado que uno de los ejes de su actuación será resolver las secuelas del Prestige; de otra, es persona de antiguo vinculada a esta tierra, donde nacieron sus padres y en la que ella pasa temporadas. Curiosamente, su nombramiento ha provocado una riada si no de críticas, por lo menos de prevenciones. La más expresiva, quizá, reflejada en un chiste de Ricardo en el que la ministra aparece ante una pizarra con un árbol y un par de hombres a su lado, uno de los cuales señala con un puntero el tronco. «Especialistas dan un cursillo intensivo a la nueva ministra de Medio Ambiente». Otro título periodístico bien expresivo: «Una experta en el ahorro ante un ministerio del gasto», en alusión a su cargo de secretaria de Estado responsable, con éxito, del déficit cero. Muy pocos han puesto de relieve que Elvira Rodríguez es un todoterreno de la Administración, a la que ha servido a lo largo de más de treinta años.Es como si de repente corriera por caminos de papel un afán tecnocrático que exige situar a expertos al frente de los ministerios u otros cargos de responsabilidad política. ¿Qué conocimientos harían falta para desempeñar una alcaldía, por ejemplo, además de ser buen político? Sería absurdo despreciar tantos valores políticos de todo signo que han demostrado su capacidad de gestión sin tener conocimientos específicos del sector que se les encomienda. ¿O hay alguien más criticado por algunos hoy en Galicia que Álvarez Cascos, a pesar de ser un ingeniero que está al frente de las obras públicas? O para otros, ¿existe alguien más añorado que el aficionado a la Biología Xosé Cuíña, al que se le ha considerado un excelente conselleiro de Política Territorial?