DE SOL A SOL
08 mar 2003 . Actualizado a las 06:00 h.COMO buen hipocondríaco, me fascinan. Necesito como el agua esas batas blancas. Cuando leo los adelantos que se producen, me quedo pasmado. La investigación en medicina ha salvado tantas vidas. Todo el dinero es poco para que esta gente siga avanzando. El hospital La Paz de Madrid cambió el miércoles una aorta como si fuese una autopista. Te cambian la A-9 del cuerpo y luego se toman un café tan tranquilos. Me alucina cómo estos equipos abren a un hombre y le arreglan el cableado en medio de un charco de sangre con una frialdad que raya la genialidad. Tiene un mérito especial. Deben de tener los nervios de acero, un pulso de lujo. Practican una carnicería fina que los legos como yo no nos terminamos de creer. En Galicia hay grandes ejemplos de estos milagros. El Juan Canalejo en A Coruña, el Xeral en Santiago o el Meixoeiro vigués saben de proezas médicas. Qué lejos está lo de sangrar a un tipo para que se le pase la fiebre. Claro que también se equivocan, como usted y yo. Además de los médicos que te despanzurran y te cosen silbando, me agradan los facultativos que te escuchan, hoy que no escuchamos ni a la persona con la que dormimos. Poner oídos al enfermo real o imaginario es receta y media. cesar.casal@lavoz.es