SI EN ALGUNA circunstancia ha sido cierto el dicho militarista «si vis pacem, para bellum» («si quieres la paz prepárate para la guerra») es en la que ahora vivimos con congoja. Pues no decir la verdad por temor de que al decirla le acusen a uno de belicista no la convierte en falsedad. Y la verdad es que si queda todavía una posibilidad -muy remota, ya lo sé- de que la guerra no llegue a producirse, tal posibilidad depende más que nunca de que Sadam asuma que será depuesto por las armas si no acepta el ultimátum de la administración americana. De ello resulta una doble paradoja: la de que todo lo que induzca a convencer a Sadam de que habrá guerra podría servir para evitarla; y la de que todo lo que le lleve a pensar que no la habrá la favorecerá con casi total seguridad.Sobre la verosimilitud de la segunda paradoja huelga razonar: si Sadam no cambia radicalmente de actitud, Bush tendrá la coartada que busca desde hace varios meses para ordenar la ofensiva militar. Una coartada a la que ya han puesto fecha de caducidad él y sus halcones: diez días, ni uno menos, ni uno más. ¿Y la primera paradoja? ¿Es verosímil suponer que las posibilidades de que la invasión llegue a producirse son inversamente proporcionales a lo creíble que resulte para el régimen de Irak la amenaza del uso de la fuerza? Sé que todo esto habrán de parecerles juegos malabares a los que se muestran convencidos de que habrá guerra pase lo que pase en la ONU y en Irak. Pero pese a las evidencias apabullantes que apoyan esa sensata convicción, creo que existe todavía una opción para la paz: la de que Sadam y quienes apoyan a su dictadura criminal se convenzan más allá de toda duda razonable de que por primera vez desde hace doce años se la están jugando de verdad.Ese convencimiento podría llevarles a dejar de jugar al gato y al ratón con el desarme y a adoptar una nueva actitud que fuera percibida así por la opinión pública mundial. Lo que podría traducirse de inmediato en un cambio de actitud de la única parte de la misma que se muestra partidaria de la guerra: la norteamericana.De hecho, los tímidos gestos de desarme producidos en Irak en las dos últimas semanas han hecho ya cambiar en Estados Unidos la actitud de los demócratas, más críticos que nunca con los republicanos desde el inicio de la crisis, y han elevado el rechazo a la política de agresión a toda costa a un porcentaje que ronda el 50% de los norteamericanos. Los únicos, a fin de cuentas, que podrían parar al Presidente. Pues son ellos -y no la ONU, ni Villepin, ni los pacifistas europeos- quienes tienen en su mano la eventual reelección de George Bush. Y esa es la clave.