DECIDIDAMENTE las cosas de la guerra no van muy bien para George W. Bush. En pocos días ha recibido dos golpes políticos que le obligarán a reconsiderar algunas decisiones ya tomadas, entre ellas, la presentación de una segunda resolución ante el Consejo de Seguridad, que podría ser vetada, o, en su caso, no alcanzar los nueve votos precisos para resultar aceptada. Las presiones sobre los países miembros del Consejo están resultando difícilmente soportables, especialmente las que se ejercen sobre Chile, México y Angola. Los argumentos y las posibles represalias económicas pueden determinar el voto favorable de estos países que no muestran ningún entusiasmo con la guerra de Bush. Muy probablemente, el anuncio realizado el miércoles en París por los cancilleres de Rusia, Francia y Alemania, con el apoyo de China, en el sentido de que no permitirán que la segunda resolución signifique luz verde para el ataque sobre Bagdad, tiene carácter de advertencia ante las noticias que llegan de los pasillos del edificio de Naciones Unidas y de los gobiernos sometidos a presión. «Si ustedes presionan, nosotros, vetamos». Ese podría ser el inequívoco mensaje enviado a Bush, Blair y Aznar desde París. Sorprendentemente, nadie se ha pronunciado de forma oficial acerca de la intervención y espionaje de las comunicaciones practicadas sobre los diplomáticos de los países miembros del Consejo -excepto EE.?UU. y el Reino Unido-, que, según la prensa británica, se realizó por orden de la Agencia de Seguridad Nacional y de Condoleeza Rice. La situación de bloqueo a la que podríamos asistir implicaría que la Casa Blanca decidiera la intervención en solitario al margen de la ONU y de la OTAN, que tampoco serviría en esta ocasión de paraguas jurídico. Las consecuencias políticas de tal crisis resultarían imprevisibles. El segundo golpe recibido por Washington es el propinado por el Parlamento turco. La negativa, de momento, a autorizar el despliegue de tropas estadounidenses en Turquía y a utilizar su territorio para cerrar la tenaza militar desde el norte de Irak es un inconveniente importante. Sería necesario trasladar hacia Kuwait a los 62.000 hombres que esperaban en Turquía. Para ello es preciso utilizar el canal de Suez, que se encuentra saturado por el tráfico militar extraordinario que implica todo el despliegue anglonorteamericano. La pérdida de semanas mientras rodean la península arábiga podría obligar a retrasar el ataque, además de impedir el control de los pozos petrolíferos.¿Y España? Silencio. Bueno, silencio, no, porque sí sabemos que el portaaeronaves Príncipe de Asturias , aprovisionado para una operación de guerra, espera en alta mar la orden para dirigirse al Golfo acompañado por la fragata Reina Sofía .