¿A qué asimetría se refieren?

| JUAN JOSÉ R. CALAZA |

OPINIÓN

05 mar 2003 . Actualizado a las 06:00 h.

ESTÁ CALANDO en el socialismo gallego la pomposa propuesta de revisión constitucional y estatutaria, Maragall dixit, en la que se dé cobijo al relajamiento asimétrico de los vínculos -hacienda, selecciones deportivas, acervo lingüístico común, representación exterior, etc.- entre las regiones españolas. La terminología económica empleada por los revisionistas, plagiada de los modelos de la DATAR francesa, deviene completamente vacua en la práctica al plantearse como simple cas d'école . No conozco economía nacional en red, y todas en ella están, cuyos nodos ocupen la misma jerarquía, situación fácilmente explicable desde la ciencia de la Spatial Economy y constatada empíricamente por la ley de Zipf. La localización concentrada de actividades económicas genera disfuncionalidades territoriales que sólo en parte son susceptibles de paliarse gracias a la capacidad redistributiva organizada a partir del corazón del Estado; es lo que conocemos, por oposición a la degeneración tribal, como solidaridad interterritorial, que desaparece o resquebraja en cuanto la concepción del Estado se torna asimétrica. En Galicia, Guillermo de la Dehesa, José Luis Méndez y Santiago Rey ya han explicado, por activa y por pasiva, que en las economías autonómicamente policentradas el asunto crucial no es la descentralización, sino la compatibilidad sinérgica del entramado reticular, en normas y decisiones, y la desconcentración cuando las desexternalidades dominan a las externalidades virtuosas. A pesar del intervencionismo, o precisamente por su causa, la Generalitat es incapaz de conformar una verdadera metrópoli centrada en Barcelona mientras que Madrid, armando menos barullo, lleva camino de convertirse en la tercera de Europa. Afortunadamente, ya que, hasta la fecha, la CA madrileña ha contribuido sin rechistar, por encima de cualquier otra región, a la cohesión de la urdimbre económica española, bien lo saben los gallegos. Permitiéndose Ruiz-Gallardón, por encima, el supremo lujo de poner en marcha la primera ley que cede competencias regionales a los municipios. El órdago de los revisionistas constitucionales y su forma de envidar deja un regusto de juego sucio, de asimetría de derechos de los jugadores y de manipulación a conveniencia de las normas del juego democrático. Sería absolutamente intolerable que, pongamos por caso, los diputados del PSC, CiU y ERC en las Cortes pudiesen intervenir en la vida política española forzando una revisión constitucional que otorgara a Cataluña el autogobierno completo -¿en base a qué asimétrico privilegio?- y sin embargo los diputados de otras regiones quedasen excluidos de la política catalana sabedores de los desbordamientos y externalidades negativas que puede generar para el resto: la nación-estado (mejor, la Europa de nuestros días) es como la tela de araña, o los sistemas input-output, cuando se tira de un hilo todo se mueve. La pluralidad que se le exige a España, cuyo pluralismo es innegable, carece de contrapartida dentro de las regiones que muy enconadamente la reclaman. Tan cierto es que el más perfecto Código Penal nunca resolverá el problema de los malos tratos, ni el Civil el de las herencias, como que ninguna Constitución puede ser suficientemente buena para sofrenar las fricciones emanadas de las competencias territoriales cuando la vocación de esos «algunos» es, precisamente, crearlas. La ingeniería constitucional asimétrica aplicable a una Carta de tan reciente factura como la española, perfeccionada en sus protocolos estatutarios, sólo puede obedecer a la imperiosa necesidad de adaptación al contexto internacional, concomitante a la revisión que lleven a cabo en su día los demás países europeos, o a una recelosa deslealtad al acervo común. La primera circunstancia aún no se da, la segunda empieza a durar demasiado. En fin, para que la eventual revisión constitucional no fuese un disimulado golpe de Estado parlamentario debería ser aprobada en referendo por la nación en su conjunto. Ahora bien, dado que no todos en el PSOE piensan como los catalanistas --que se lo pregunten, por si las dudas, a Bono, Ibarra o Vázquez- no queda excluido que en la misma ocasión, ya que de revisión se trataría, las modificaciones se produzcan en sentido contrario al propuesto por Maragall.