CÉSAR CASAL GONZÁLEZ
03 mar 2003 . Actualizado a las 06:00 h.DEL buen teatro sales con las manos calientes. Han representado en Galicia los textos de Oliver Sacks, El hombre que confundió a su mujer con un sombrero . Es el médico humanista que se hizo famoso con Despertares , la película con la cara de Robin Williams. La obra es brutal. Atrae a dolor. Habla de pacientes, de hombres corrientes a los que el disco duro del cerebro se les ha descalabrado. Tipos que una buena mañana confunden a su mujer con un sombrero, a un amigo con un perchero. Hay una chica que sólo sabe repetir operaciones numéricas, su cabeza es un infierno trufado de números, sumas, restas y multiplicaciones de desvaríos. Otro necesita la paleta de los colores para identificar la realidad. Los hombres caminan negros. El día es verde y así. Lenguajes que se traban, significados que extraviaron sus significantes o al revés. Una señora no sitúa su mano izquierda, esa mano izquierda que siempre hay que tenderle a la realidad para no volverse loco. Las goteras de la cabeza son terribles. La frontera entre la cordura y la locura es un nudo corredizo. Es terrible ver lo pacientes que tienen que ser estos pacientes y quienes los tratan. Sales del teatro y sientes miedo de que un día no sepas ponerte el calcetín rojo en la mano izquierda, como ahora haces todas las mañanas.