Los guerreros sin antifaz

OPINIÓN

02 mar 2003 . Actualizado a las 06:00 h.

AYER TARDE, junto a la Casa da Troia, me encontré con una extraña pandilla que, después de saludarme cortésmente, me invitaron a tomar café. El que llevaba la voz cantante era centurión romano, y hablaba como si me conociese de toda la vida. Un poco más atrás venían Bush, con cananas y revólver, y Tony Blair, con una fotocopia de la resolución 1441, los dos abrazados y farfullando en inglés. Después estaban Juan Pablo II, que tenía un billete de avión para Bagdad, y Sadam Huseín, que llevaba un soplete para desguaces y cuatro misiles oxidados. La parte masculina del grupo la cerraban tres curiosos pelanas: un intérprete, que repetía en italiano y español todo lo que decía Bush, y los ínclitos Aznar y Berlusconi, que asentían con la cabeza cada frase del intérprete. El cupo femenino, un 25% más o menos, estaba integrado por Rocío Jurado, que no paraba de hacerle muecas al centurión; Condolezza Rice, que me enseñó el folio de apuntes que sacó de Harvard, y Trini Jiménez, con cara de risa y chupa de cuero. Si tal visión me sucediese otro día, escaparía corriendo hasta la catedral. Pero estamos en Carnaval, y, lejos de verme amenazado, tuve la sensación de encontrarme en un grupo leal y coherente. Por eso le sugiero que aproveche estos días para leer el periódico bajo el supuesto de que el mundo está gobernado por máscaras, porque, en vez de sentirse como una peonza en medio del caos, ganará algo de sosiego para enfrentarse al miércoles de ceniza, cuando vuelvan a recordarle que pulvus es, et in pulverem reverteris . Todos sabemos que Bush es un provocador, dispuesto a dominar el mundo a base de bombazos, aunque vaya disfrazado de castigo de tiranos y garante de libertades, que sólo hace la guerra para ganar la paz. Tony Blair es un raro cruce de americano y europeo, que compra en libras, vende en dólares y ahorra en euros, pero que estos días va disfrazado de policía bueno que quiere aliviar la malleira de Irak. Y Sadam Huseín es un tirano sanguinario, aunque ahora se vista de víctima. También sabemos que Berlusconi es un puro negociante, aunque vaya disfrazado de primer ministro, y que Aznar es un acomplejado, aunque luzca palmito de líder mundial insustituible y abrumado. La guerra es un atajo sangriento hacia el botín, aunque esté disfrazada de cruzada humanitaria. Y en modo alguno se nos oculta que nosotros somos unos cobardes, que mucho bla, bla en la calle, pero que nos dejamos gobernar por halcones y buitres. Por eso creo que, mientras dure el Carnaval y sigan con la máscara, no vamos a tener problemas. Lo malo será el miércoles, cuando, llegada ya la Cuaresma, regresen en tromba los guerreros sin antifaz.