Irak: ¿Quién teme las buenas noticias?

OPINIÓN

SI UNO sigue por TVE la evolución del conflicto con Irak percibirá un fenómeno curioso: que las buenas noticias son presentadas como malas y las malas como buenas. Tan peculiar modo de informar tendría una importancia relativa, de no ser porque refleja con una meridiana transparencia la posición del Gobierno en el conflicto, es decir, la de la Administración americana. Ayer supimos, por ejemplo, que Sadam aceptaba destruir los misiles Al Samud, según le había exigido perentoriamente el jefe de inspectores de la ONU. Es cierto que la palabra de Sadam -un profesional de la mentira- no vale dos reales, pero lo es también que parece difícil que se trate de un engaño habiendo como hay hoy en su país un montón de inspectores destinados a comprobar la verdad de lo que dice. ¿A qué entonces disgustarse, como a todas luces lo han hecho Blair, Aznar y Bush, con una noticia que si algo demuestra es el efecto de la presión armada contra Irak? Pues, digamos la verdad: Sadam va aceptando a regañadientes las medidas de desarme exigidas por Hans Blix sólo ante la amenaza verosímil de que si no se desarma por las buenas será desarmado por las malas. Por eso, cada paso atrás del sátrapa iraquí, es un paso adelante de los países que, pese a sus diferencias, están presionando en esa línea. ¿A qué entonces disgustarse, con las buenas noticias, considerando que son malas? Para esa pregunta sólo cabe, por desgracia, una respuesta: porque, para los que se disgustan, son malas, en efecto. Cierto: todas las buenas noticias que confirman el éxito de la presión militar para conseguir el objetivo que con ella se persigue, devienen malas si ese objetivo no fuera realmente el que dice perseguirse (desarmar a Irak) sino otro u otros: acabar con la dictadura de Sadam o forzar por las armas un reequilibrio en la delicada situación de Oriente Próximo. Si a esto último es a lo que juega Norteamérica (y todo indica que juega a eso y no al desarme de Sadam) se entiende que para su estrategia de guerra preventiva resulta bueno el cuanto peor mejor ... y malo lo que contribuya a demostrar la eficacia de la presión armada sobre Irak. Es así, en fin, como lo que podría acabar siendo una victoria sin precedentes de la administración americana -conseguir el desarme efectivo de Irak sin pegar un solo tiro- podría también desembocar en una aventura desastrosa: una guerra unilateral, ilegítima por ausencia de un motivo justificado e ilegal por la inexistencia de una resolución de la ONU que autorice inequívocamente el uso de las armas. Una aventura sucia e indecente en la que España no debería participar de ningún modo.