EL PETRÓLEO y sus derivados son materia orgánica, y por lo tanto susceptibles de degradación por aquellos microorganismos que puedan utilizarlos como fuente de carbono para su metabolismo. Si tenemos en cuenta que, para el conjunto de los mares de la Tierra, se estiman en cinco millones las toneladas de petróleo vertidas por año, podremos entender la magnitud de la catástrofe producida con esos vertidos si los hidrocarburos no fuesen biodegradables. La biosfera degrada los distintos componentes de los crudos, si bien a muy diferentes velocidades. Existen entre las bacterias, las levaduras y los hongos numerosas especies con capacidad para utilizar el petróleo como fuente de carbono. Estos organismos necesitan, además del carbono, otros nutrientes necesarios para su desarrollo, entre ellos, y como nutrientes esenciales, el nitrógeno y el fósforo. La biorremediación puede definirse como la potenciación de los procesos naturales de biodegradación del petróleo, y ofrece varias modalidades: adición de nutrientes esenciales, reforzar esto con la siembra de microorganismos propios de la zona, o bien con organismos de cualquier origen, pero con capacidad de degradar el petróleo.