La historia no lo absolverá

| ROBERTO L. BLANCO VALDÉS |

OPINIÓN

ARZALLUZ ha acusado a la plataforma ¡Basta ya! de estar favoreciendo con su actitud la crispación y sembrando el caldo de cultivo que podría dar amparo a una nueva guerra sucia . Aunque Arzalluz ha demostrado que su desvergüenza es infinita, hay algo a lo que el líder peneuvista no se ha atrevido todavía. Sí, Arzalluz no ha llegado aún a soltar lo que viene reprimiendo desde el día en que, gracias al espíritu de Ermua, los perseguidos se levantaron y comenzaron a aguarle la felicidad al PNV: las ganas de cantarles las cuarenta. ¡Dejen ya de dar la lata de una vez si no quieren cumplir con el papel que les ha asignado la autoridad competente, por supuesto militar! De hecho Arzalluz podría aconsejar a los vascos no nacionalistas lo que Franco aconsejaba a quienes sufrían su ominosa dictadura: «Hagan como yo, no se metan en política». Pues esa es, al parecer, la intolerable pretensión de ¡Basta ya!: la de meterse en política en lugar de estarse en casa quietecitos. Si se estuvieran quietecitos -piensa Arzalluz- no serían perseguidos; al no serlo no provocarían crispación; y al no crispar podría el nacionalismo conseguir sus objetivos. Tal razonamiento, odioso moralmente, encierra una lógica intachable: aquella según la cual en el País Vasco hay víctimas sólo porque algunas gentes se empecinan en no someterse a los dictados abertzales : ¡con lo fácil que sería hacer un esfuerzo y asumir los postulados religiosos aranistas! ¡Deje usted de pensar ya de una vez -sostienen Arzalluz y muchos de los suyos- y verá que feliz es! Pues para ser feliz es suficiente con olvidar a los que sufren. Eso (olvidar a los perseguidos y sufrientes) hacen, con su lendakari a la cabeza, los miembros de un gobierno que está obligado legalmente a proteger por igual a todos los vascos de quienes los atacan y amenazan. Pero a base de identificarse con los objetivos que defienden los verdugos, el PNV ha acabado por hacer verdad una sabía enseñanza del Talmud: la de que el piadoso con los crueles termina siendo cruel con los piadosos. Ya sé que para los perseguidos no ha de ser un gran consuelo, pero la historia acabará colocando a cada uno en su lugar. Antes o después, pero de forma irremisible. El 14 de junio de 1940 las tropas alemanas entraban en París y Hitler alcanzaba la cima de su gloria. Poco después el mariscal Petain solicitaba un armisticio y rendía Francia a los pies del invasor. Finalmente, y en un ambiente general de incomprensión, Churchill levantaba la bandera democrática. Hoy Hitler es considerado un criminal, Petain un traidor a los franceses y Churchill un héroe de la libertad. Esa es la historia.