El cambio de jefe

| JOSÉ JAVALOYES |

OPINIÓN

21 feb 2003 . Actualizado a las 06:00 h.

A ESTAS HORAS, se hace muy patente la alineación de la política exterior española con la norteamericana en la crisis de Irak, cuando el presidente Bush es anfitrión, en su rancho tejano, de José María Aznar. Mientras continua la resaca del pleno último parlamentario, al descolgarse el PSOE de la línea asumida por el Consejo Europeo, este encuentro de Texas aporta el formato final de una apuesta diplomática de calado revolucionario, muy relevante para los intereses de España. Se trata de una opción definida casi en términos de disyuntiva; casi, porque la alternativa francesa ante la crisis -asistida por Alemania y Bélgica- es sólo eso, la francesa, no la postura de la Unión Europea. De otro punto, la elección hecha por este Gobierno aflora un análisis previo que, desde la Transición, era políticamente inerte: la excentricidad española respecto del torso geográfico europeo -y también histórico-, sólo equiparable a la británica, con su insularidad estricta. El espacio iberoamericano, de interés primordial para España, tiene su más notable vínculo con la Europa transpirenaica en el prefijo latino , que la diplomacia de Napoleón III se ocupó de acuñar como justificante de la trágica aventura mexicana de Maximiliano; lo demás, las posesiones últimas, no rebasa la condición de perejiles coloniales. A propósito de Irak, y desde las temperaturas de fusión que la crisis genera, se ha establecido una nueva alianza con Washington que debe apantallar, con la cooperación político-financiera, un reflotamiento económico, en Argentina y en Brasil, del que dependen nuestras ingentes inversiones. Desde esa misma alianza se ha estabilizado la relación con Marruecos, fortaleciéndose la seguridad de Canarias. Y sobre el cambio de eje -por la colaboración antiterrorista de los EE.UU.- se progresa en la captura de etarras; aunque a Francia se le escapen algunos de cárceles y comisarías. Ese cambio, tan contestado, debe ser positivo.