Salida a la francesa

OPINIÓN

EL CORREO electrónico es un gran invento y algunos conocidos y amigos han decidido usarlo para reprocharme que haya criticado en este periódico el comportamiento de Francia en la actual coyuntura bélica. Uno de ellos incluso sostiene que, con la que está cayendo, se debe tomar partido a favor de todos los que están por la paz, aunque sus intereses tengan el color del petróleo o favorezcan a Sadam Huseín. ¡Otra vez mi querida Francia ha logrado subirse al podio de lo sublime como el país más aparentemente desinteresado, pacifista y ecuménico en las actuales circunstancias! E incluso el propio Chirac el Magnánimo se ha ocupado de ofrecerle una salida digna a Bush para que, dando marcha atrás, parezca que avanza. «Si Irak se desarma habrá sido gracias a la presión de EE.?UU.», ha reconocido el presidente francés, que está dispuesto a cederle a los estadounidenses el mérito del desarme y la gloria de haberlo logrado sin derramamiento de sangre. Un hermoso gesto, de una sutileza y habilidad irreprochables. Lo que no dice Chirac es que, por esta vía, al que le está ofreciendo una salida digna es a Sadam Huseín, al tiempo que dota de una esperanzadora vigencia a los contratos que las empresas francesas del petróleo tienen firmados con la actual administración iraquí. Es la otra cara de la grandeur : el interés. Porque ya está claro que no todos queremos la paz por los mismos motivos, ni siquiera en las mismas condiciones. Francia tiene una salida digna para todo el mundo, menos para los iraquíes oprimidos y para los que se sienten amenazados por un Sadam que se resiste al desarme. Para éstos sólo tiene más de lo mismo. El grupo de los Radicales Transnacionales sostiene que si un país no es democrático, sí que es un asunto de todos, y se pronuncia por un Irak sin guerra y sin Sadam. Los que suscribiríamos con gusto este objetivo nos preguntamos: ¿Por qué no propugna Chirac una salida digna que, además de liberar a Bush de su guerra, libere a Irak de su dictador? ¿O es que sólo nos queda la opción de callarnos y admitir que, en tiempos prebélicos, no se puede criticar a la pacifista Francia?