Y además, gusano

| MANUEL MARLASCA |

OPINIÓN

EN SU SEGUNDA derrota en unas elecciones presidenciales, Jacques Chirac llegó a confesar a su esposa que «los franceses no me quieren», aunque acabaría ganando en 1995. Dos años después disolvió la Cámara legislativa y la derecha fue laminada. El año pasado se encontró con una tremenda disyuntiva: o ganaba las elecciones y seguía en El Elíseo o se sentaba en el banquillo de los acusados por delitos de corrupción durante su gestión como alcalde de París. Se le apareció Juana de Arco en forma de Le Pen, que le arrebató el segundo puesto a Jospin en la primera vuelta, y la segunda fue un paseo militar para Chirac, convertido así en el presidente con más apoyo popular de la historia. Con la crisis de Irak, ha recuperado de un plumazo la grandeur francesa y, respaldado por la opinión mayoritaria de los franceses, mantiene el pulso a Estados Unidos y a Gran Bretaña. El diario sensacionalista británico The Sun no se lo ha perdonado. El problema al que se enfrenta ahora es mantener el «no a la guerra»; porque si da un paso atrás lo de «gusano» que le dedicó ayer en su edición extraordinaria y parisina The Sun se va a quedar pequeño al lado de lo que le llamarán en la prensa francesa.