Confusiones

| EDUARDO CHAMORRO |

OPINIÓN

CADA CUAL es muy dueño de sus percepciones, de sus puntos de vista, de sus sueños y pesadillas, de sus saberes e ignorancias. Cada cual es, en fin y casi a lo sumo, muy dueño de sí mismo, y ésa es la senda por la que cada cual construye sus esquizofrenias, paranoias y neurosis, y también su cordura, incluso, a veces, todo al mismo tiempo y sin solución de continuidad. Es lo normal en tiempos tan de confusión como este y como todos. Lo bueno es que al igual que la confusión es propia de los confusos, el esclarecimiento lo es de los esclarecidos, entre los que descuella (en todos los sentidos) Juan Goytisolo, cuya afirmación más reciente nos ofrece la luz que andábamos buscando. «Es un error», dice Goytisolo, «confundir a Dios con el petróleo». Algo tenía que decir Goytisolo ante ese número cada vez más grande e inquietante de gente que, en entrando a un oratorio, se postran de hinojos y allí, al fondo de la nave y junto a la lucecita, ven la armazón por la que brota el chorro de oro negro. Esa gente sale luego a la calle gritando (pues nadie susurra en semejante brete) que ha visto a Dios. Una voz que suele hacer cundir un gran pasmo, cuando no el desconcierto. Así como otros que, a la vista de unos campos petrolíferos, entran en el aspaviento y gritan que aquello es Dios al alcance de la mano; noticia que si en principio gozosa, anda al borde de poner el gozo en un pozo. Pero el orden de la confusión se nutre de sí mismo, por eso es grande y variopinto. De ahí la confusión de este hermano de Bush que nos visita y se cree que está en la República española. ¿Quién le habrá preparado el viaje? ¿Quién le habrá documentado? ¿Quién le habrá puesto al día? El error, sin embargo, no es tan raro si tiene lugar y se produce en un país como este en el que son muchos los que llaman Norteamérica a lo que se llama América, y son otros tantos quienes a España llaman Estado Español, al igual que se empeñaban en hacerlo los fascistas españoles de primera y segunda hornada. Aquí, en España, no es nada exótico oír que alguien proyecta «pasar el verano viajando por el Estado Español», un proyecto que es todo un alarde de la fantasía ideológica al servicio de una ficción jurídica. Debe de ser que tendemos al éxtasis de hablar «como-nos-sale-de» y «según-se-nos-pone-en-los». Una tendencia cuyo mayor defecto consiste en que al cabo de hablar mucho tiempo así, uno acaba pensando según ese método, y eso es cosa de mucha peor enmienda. Para Arzalluz, el colectivo Basta Ya es igual que la kale borroca , y para la Xunta de Galicia, el colectivo Nunca Máis entraña el propósito de «batasunizar» a diestro y siniestro. El despropósito de una oralidad tan adolescente y de un razonamiento tan de pata de banco queda claro a la hora de establecer las singulares igualdades cruzadas que Arzalluz y la Xunta parecen proponer, aunque no se lo propongan. Eso es lo peor, que hablando como hablan y diciendo lo que dicen, no hay manera de saber lo que proponen ni cuál es su verdadera intención cuando abren la boca y les resulta un ruido.