Ciudad de Dios

CÉSAR CASAL GONZÁLEZ

OPINIÓN

HAY que verla. La película brasileña Ciudad de Dios es perfecta para entender el milagro que quiere emprender Lula. Es cine social (ya saben, absténgase los amantes de las palomitas y la risa fácil. En este filme, hay que pensar). La historia es cruda: la violencia de niños y chiquillos que se creen hombres por tener una pistola para robar y matar, la serpiente de la violencia que se muerde la cola y que acaba con las vidas en el Brasil de las favelas. Terrible la ruleta, elige la mano o la pierna para recibir un tiro, elige a uno de los dos niños para rematarlo. Son las afueras de Río, pero parecen las calderas del infierno. Mientras los pobres venden droga y se matan a tiros, los ricos van a la playa. La historia tiene mucho del Scorsese más frenético en Uno de los nuestros , pero también mucho del Tarantino de Pulp fiction . Giros del guión hacia delante y hacia atrás, el azar que divide, que consagra, a unos y otros en buenos o malos. Tal vez, demasiado movimiento de cámara. Pero merece la pena. Les desvelo una escena del comienzo: un partido de fútbol en la favela. Un chaval tira el balón al aire, saca una pistola y le pega un tiro, al balón. La vida es un juego de muerte. Llegas a casa, ves a tu hija y piensas la suerte que ya ha tenido por nacer acá y no allá. cesar.casal@lavoz.es