EL OJO PÚBLICO
15 feb 2003 . Actualizado a las 06:00 h.«LA GUERRA es la continuación de la política por otros medios». Pocas veces una frase ha sido tan citada y tal mal interpretada. Su autor, el militar y filósofo prusiano Karl von Clausewitz, la incluyó en una obra ( De la guerra ) fundamental en el pensamiento del siglo XIX, que constituye la más inteligente reflexión sobre las inmensas consecuencias que para la guerra y la política iba a tener la revolución napoleónica. Lejos de lo que se piensa habitualmente, no hay en Clausewitz un postulado belicista, sino la constatación de que cuando las guerras dejan de ser choques entre ejércitos y se convierten en luchas entre pueblos, aquéllas pasan a ocupar un papel tan central en la política que han de ser supeditadas a la misma: «La subordinación del punto de vista político al militar sería irrazonable, porque la política ha creado la guerra; la política es la facultad inteligente, la guerra es sólo el instrumento. La subordinación del punto de vista militar al político es, en consecuencia, lo único posible». En eso estamos: en si en el conflicto con Irak ha de imponerse ya la guerra (el instrumento), como quiere la Administración americana, o se ha de intentar mientras se pueda la política (la facultad inteligente), como desean Francia y Alemania, liderando a los millones de ciudadanos que ayer salimos a la calle en todo el mundo, pese a saber que el incumplimiento por Irak de las resoluciones de la ONU estimularía una incontrolada carrera armamentista en una de las zonas más conflictivas del planeta. Y es que salvo los pacifistas de salón y los que abominan de los gobiernos elegidos pero hallan irresistibles a los sátrapas, pocos dudan hoy en el mundo democrático de lo peligroso que sería no establecer hacia el futuro férreas limitaciones sobre las armas no convencionales (nucleares, biológicas y químicas) en países que además de haber demostrado su voluntad expansionista, son base de la red mundial del terrorismo. Pero tal acuerdo no se extiende a la forma en que hoy debe hacerse frente al intolerable desafío que Irak viene planteando a la ONU desde hace doce años. Una parte de las grandes potencias que la forman (Francia, Alemania, Rusia y China) volvieron el viernes a negar con valentía que haya llegado el momento de una intervención armada contra Irak y a dar un nuevo plazo a los inspectores de la ONU. Si logran imponerse a Bush y sus halcones habremos dado un paso de gigante en la creación de un gobierno mundial desconocido hasta la fecha. Si Bush se impusiera finalmente, Estados Unidos podrá ganar la guerra contra Irak, pero al gran precio de perder, quizá por muchos años, su liderazgo democrático.