Hoy, en la calle

OPINIÓN

14 feb 2003 . Actualizado a las 06:00 h.

ESPAÑA se echará esta tarde a la calle. Las pegatinas de las solapas y las pancartas dirán «No a la guerra», que es un eslogan al que se adhiere el mismísimo Javier Arenas, según sus propias palabras. Pero los asistentes protestarán, sobre todo, contra la posición del Gobierno español. Se palpan las ganas de gritarle «no» a Aznar, aunque sólo sea como un desahogo. Es una explosión que la sociedad necesita. Por eso mi apuesta es que el número de personas que hoy se concentrarán en las calles superará los dos millones. El lector se preguntará si, entonces, el presidente no ha convencido a ninguno de los espectadores que le vieron en televisión. ¡Quién lo sabe! Yo sospecho que a pocos. Creo que Aznar fue muy eficaz ante el público que buscaba, que es la mayoría silenciosa que se mueve por sentimientos. A ese público se dirigió como le hubiera recomendado cualquier asesor de imagen: con un tono intimista, emotivo, calculadamente tierno, sin elevar para nada la voz. No buscaba una convicción por medio de las razones. Buscaba una atracción por la vía de la emoción: «Yo no sé hacer dobles juegos»; «pido solamente que me comprendan»; «yo también tengo mis sentimientos»... Pero ese público buscado por Aznar (tres millones de personas, según las audiencias) no suele ser el que sale a manifestarse. Al que hoy sale a la calle le obligan a escoger entre un Aznar que se basa sólo en su palabra para pedir un voto de confianza («pueden estar seguros de que les estoy diciendo la verdad, Sadam tiene armas de destrucción masiva») y unos inspectores que terminaron su misión sin encontrarlas. ¿A quién creer? ¿Cuál es la mejor información? Aunque los manifestantes creyeran a Aznar, hoy seguirían saliendo a las calles. Porque parten de una posición intachablemente ética: España se apuntó a la guerra antes de dar todas las oportunidades a la paz. Y eso es lo que quieren hacerle pagar al señor Aznar.