Las batallas de Sadam

TEODORO G. BALLESTEROS

OPINIÓN

14 feb 2003 . Actualizado a las 06:00 h.

SADAM HUSEÍN, sin moverse de su trono cimentado con la sangre y el pánico de sus súbditos, ya ha ganado varias batallas a Bush, quien desde hace más de diez meses esta empeñado en una campaña de propaganda que le justifique ante el mundo la invasión de Irak. La manipulación propagandística comienza después de que el ejercito estadounidense arrasara Afganistán sin lograr obtener la tan ansiada fotografía de Osama Bin Laden muerto. El mundo occidental, y sobre todo Europa, que se había solidarizado con el pueblo norteamericano por la tragedia de las Torres Gemelas, aceptó sin mayores disquisiciones la ira contra los talibanes y sus adláteres. Era el tiempo en que la CNN, antes de televisarnos el lanzamiento de misiles, ponía en la pantalla de nuestros televisores la búsqueda de restos humanos en la Zona Cero. Mientras Bush rechazaba el que EE.?UU. formara parte del Tribunal Penal Internacional. Y con tanto escandaloso silencio admitíamos que la venganza era una forma de justicia. Convertido en un páramo el territorio afgano, la Administración Bush inició una campaña de propaganda encaminada a convencer al mundo político y a la sociedad opinante, de la necesidad de atacar a Irak, por los motivos más dispares, armamentísticos o petrolíferos, pero con una clara justificación, la llamada guerra preventiva, principio que acaba con las normas de derecho internacional público que han servido como sistema de convivencia durante los últimos trescientos años. Y la machacona propaganda fue, y continua siéndolo, la noticia internacional que abre la Agenda de todos los medios informativos y políticos nacionales. Sin embargo, y contra todo pronóstico, es lo cierto que esta preguerra , o batalla propagandística, esta logrando rechazos gloriosos, por unos u otros motivos. Es tal la presión para el acatamiento incondicional, y tan lenta la toma de decisiones del Gobierno estadounidense, que, indirectamente y en el juego de las posiciones reducidas al absurdo, el dictador iraquí ha conseguido dividir a la OTAN enfrentándola con EE.?UU.; que el Vaticano haga campaña activa contra la invasión; que la UE dude sobre su apoyo, y el resultado lo veremos el próximo lunes en la reunión del Consejo; que el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas se invente la necesidad de otra segunda resolución, aparte de la ya admitida 1441, para bordear la presión estadounidense; y hasta que Greenspan, presidente de la Reserva Federal de EE.?UU., hable sobre los peligros de la guerra para la economía mundial. Y en el campo no estrictamente político y oficial, tiene en contra a los intelectuales, universidades, premios Nobel, jueces, actores y actrices, de Norteamérica y Europa, pasando por toda la gama de colectivos posibles. La guerra es, desde el campo de los principios en donde algunos militamos, un acto de barbarie que nos retrotrae cien años en la civilización de la Humanidad, pero si como parece es inevitable, sobre todo teniendo en cuenta el despliegue de tropas y armamento en el Golfo Pérsico, que los promotores descubran ya sus más horrendas fauces, arranquen de la cara de Huseín la sonrisa de satisfacción por el curso de los acontecimientos, y dejen de insultar nuestra inteligencia.