De Babel a Pentecostés

| XOSÉ LUÍS BARREIRO RIVAS |

OPINIÓN

12 feb 2003 . Actualizado a las 06:00 h.

SI YO LE DIGO que «Ein Gespenst geht um in Europa», es muy probable que no me entienda. Pero no se preocupe, porque tampoco yo sabría lo que estoy diciendo si ayer mismo no hubiese copiado estas seis palabras que abren el famoso Manifest der Kommunistischen Partei . La razón de esta incomprensión es que ni usted ni yo acostumbramos a hablar en alemán, y que por eso sentimos en nuestras carnes el castigo que sufrieron los hombres de Babel cuando quisieron hacer una torre que llegase hasta el cielo para encararse con Dios y hablarle de tú. Pero la experiencia nos dice que la barrera lingüística dista mucho de ser tan dramática como la Biblia sugiere, y que nada nos impide entender todas las lenguas del mundo cuando tenemos la ayuda del amor, de la necesidad o de un pensamiento noble. Nadie rompió el hechizo de un amor inesperado por culpa del idioma. Ningún gallego perdió un tren en la estación de Zurich por no saber preguntar a qué hora salía o en qué andén estaba estacionado. Y ningún misionero dejó de predicar el Evangelio por no saber la lengua de la tribu. Porque, cuando el amor nos lleva de Babel a Pentecostés, cualquiera que sea el idioma en que nos hablen, todos escuchamos el mensaje en la lengua materna. Claro que algunas veces sucede exactamente lo contrario: que hablando el mismo idioma de nuestro vecino, y manejando todo el vocabulario del asunto que tratamos, somos incapaces de entenderle, como si un fantasma travieso le diese la vuelta al calcetín y, a base de rebobinar la Biblia, nos obligase a hacer el camino de vuelta desde Pentecostés a Babel. Y eso es lo que le pasó ayer a 38 millones de españoles (80% del total), cuando escucharon la rueda de prensa conjunta del presidente del Gobierno de España y el canciller alemán: que al nuestro, que habla en español de Valladolid, no le entendimos nada, mientras que al otro, que habla en el enrevesado alemán de Hegel, le entendimos todo. ¿Qué quiere decir un ser humano cuando calienta el ambiente para que esatalle la guerra? ¿Qué interés defiende un presidente de Gobierno que pone su patria y su pueblo al servicio de Bush? ¿Cómo puede entenderse una explicación estratégica que equilibra la balanza del petróleo y del control militar del mundo con la masacre medio millón de personas que llevan un cuarto de siglo bajo la feroz amenaza de un tirano creado y armado por los Estados Unidos para encirrarlo contra Irán? A Schröder, en cambio, se le entendía todo cuando dijo: «Eine direkte oder indirekte Beteiligung an einem Krieg wird es nicht geben». Porque es lo que decimos todos los españoles, que no queremos hacer política ni negocios a base de tanques y misiles.