EL PERIODISTA tiene la responsabilidad de informar, de ofrecer todas las claves de que disponga sobre la noticia. No se pueden publicar rumores, ni bulos, ni información sin contrastar. La exactitud debe ser la máxima de cualquier profesional, incluido el que se hace cargo de las páginas de televisión, de la cartelera y de las farmacias de guardia. (Y las cito porque se les resta importancia). La veracidad es la que eleva de estatus al periodismo. Es entonces cuando el periódico como producto alcanza el reconocimiento de la opinión pública. Pocos empresarios hay en Galicia con dinero suficiente para comprar autopistas y aeropuertos, para adquirir televisiones y rascacielos, y también pocas entidades financieras que cumplan los requisitos para salir a Bolsa. Sí hay, sin embargo, personas interesadas en que salgan a la luz pública informaciones no veraces, que distorsionan la realidad económica de este país, pero que su publicación les permitirá alcanzar sus intereses. Por ser noticias falsas, los medios de comunicación serios no se hacen eco de ellas. Como tampoco publican que, tal o cual empresario, toma un café, se echa una siesta o compra un coche. Eso también lo hacemos usted y yo, y no salimos en los papeles.