El caso Leiceaga

| ROBERTO L. BLANCO VALDÉS |

OPINIÓN

10 feb 2003 . Actualizado a las 06:00 h.

PARA LOS que aún no la conocen, esta es la historia: un concejal del BNG del Ayuntamiento santiagués (Fernández Leiceaga) decide, tras duros enfrentamientos con la burocracia que controla férreamente la UPG, abandonar su militancia política en el Bloque y dejar su puesto en la corporación municipal. Después, y en uso de su libertad de ciudadano, opta por incorporarse a la lista socialista como candidato para las próximas locales. ¿Es un tránsfuga Fernández Leiceaga? En absoluto. Hace transfuguismo el que abandona su partido pero se queda con su escaño, traicionando así la voluntad de quienes lo han votado, pero no quien deja su puesto al dejar la fuerza política en la que resultó elegido para el mismo: eso ha hecho el ya ex-concejal nacionalista, que tras irse, ligero de equipaje, ni siquiera ha negociado un puesto de relumbrón en la nueva lista socialista. No, Leiceaga no es un tránsfuga, y por eso su decisión nada tiene que ver con la ética, como muchos han afirmado criticándolo. Leiceaga es sólo un disidente, que ha tenido el valor de decir en voz bien alta lo que cree sobre el futuro del frente político en el que ha militado hasta hace unas semanas. Por eso su marcha afecta a la política, pues es de política de lo que habla Leiceaga cuando explica su decisión de abandonar: «Unha forza na que de forma maioritaria exerce o control un núcleo marxista-leninista non é aceptable como opción de goberno nunha sociedade europea». Es esa reflexión (de la que, por cierto, Pérez Touriño debiera tomar nota) la que convierte el abandono de Leiceaga en un hecho que, sobrepasando la dimensión estrictamente personal, resulta en el fondo indicativo del punto de asfixia al que han llegado en el interior del BNG los que no comparten o se pliegan al dominio de UPG. Pese a ello, me consta que hay todavía personas muy valiosas en el Bloque que creen que la batalla por aggiornar el nacionalismo hay que darla desde dentro y que decisiones como las de Leiceaga no ayudan, sino todo lo contrario, a la consecución de ese objetivo. Tal cosa es obviamente discutible, y no he de meterme yo donde no me corresponde. No es discutible, sin embargo, que el peor modo de enfrentarse al caso Leiceaga es echar mano del más burdo estalinismo, tachando de traidor a quien antes se ha forzado a abandonar. Eso ha insinuado el eficaz ariete de la UPG en esta crisis, el líder de su casa Néstor Rego, burócrata obediente de méritos ignotos de esos que triunfan en el Bloque, que ha hecho un alarde de lo con él espera a los vecinos de Santiago, al calificar la marcha del excelente concejal: «Significa cero grados. Nin frío nin calor». ¡Que Dios nos coja confesados!