Uno de sus recuerdos de infancia le sitúa en medio de una muchedumbre que miraba hacia el Gobierno Civil de Ourense. En el balcón, un señor bajito decía algo y todo el mundo aplaudía. Corría el año 1957 y, según supo después, se inauguraba el ferrocarril Zamora-Santiago. Desde los primeros trámites había pasado medio siglo, una huelga general en Ourense y hasta una guerra civil. Hizo luego muchas veces el viaje hasta Madrid, largas noches de insomnio y traqueteo. Por eso dice que, por mucho que lo prometa el Gobierno, le suena a ciencia ficción oír hablar de un tren que recorrerá en un par de horas lo que el Talgo tarda aún hoy siete. Pero han empezado a cumplir, encargando el estudio de impacto ambiental. Es un primer paso hacia un futuro para el que aún no hay fechas, pero que no debe tardar otro medio siglo. Galicia entera estará muy atenta a los siguientes pasos.