Santo Tomás y el chapapote

RAMÓN BALTAR

OPINIÓN

04 feb 2003 . Actualizado a las 06:00 h.

EL PRESIDENTE del Tribunal Constitucional, maestro en montar numeritos por exceso de parla y mengua de juicio, encuentra seguidores entre los cargos públicos. El respeto a las instituciones ya no se estila. Quizá por mostrar la cercanía de la Universidad a las angustias de nuestro azacaneado pueblo, el rector de la de Santiago aprovechó el acto académico de la festividad del Patrono para poner al Gobierno gallego a caer de dos burros y cuatro mulas por su pésima gestión del naufragio del petrolero de marras. La relación del aquinatense con los hidrocarburos y la Administración será para algunos un genial ejercicio de saber interdisciplinar. Pero al vecindario le parecerá una meada en la alfombra: usar la representacíón institucional para atacar al poder político por un asunto que no afecta en nada a la calidad de la docencia y la investigación sobrepasa la autonomía universitaria consagrada por la Constitución. La crítica de la actuación gubernamental corresponde a los partidos, al Parlamento y a la ciudadanía en general: el rector no está habilitado para reñir a quien sí lo está para mandar y ordenar. Le escoció al magnífico que los junteros no acudieran a la mesa camilla de la ciencia pionera para aconsejarse. No se ve el motivo del pique: la decisión de alejar el barco fue política, pero no es seguro que los científicos los hubieran convencido de otra cosa. En todo caso, para evitar el desastre no hacía falta ningún Aristóteles, bastaba con preguntarle al curtido capitán Mangouras, el único tipo cuerdo entre tantos necios y por ellos entrerrejado. Los recursos de la Universidad pertenecen al país y ofrecerlos es mera obligación, que no generosidad. El valerse de la catástrofe para sacar pecho y titulares apesta a maniobra oportunista.