No perdamos el tiempo

OPINIÓN

EL SECRETARIO de Estado norteamericano, Colin Powell, pretende explicarle mañana al mundo lo malvado que es Sadam Huseín y, por tanto, la necesidad de arrasar al pueblo iraquí. Puede evitarse la molestia. No vamos a perder más tiempo en comparecencias inútiles. Ni malgastar esfuerzos en ver cómo se justifica lo que todas sabemos que es inaceptable. Hasta Aznar tiene pruebas de que Sadam es una amenaza. Y aún más. Dice poseer información secreta que le lleva a pensar que al pacifista Bush no le dejan otra alternativa que la del ataque a uno de los pueblos más míseros del planeta. Ni Estados Unidos, ni sus firmes aliados Reino Unido y España, tienen que desvelarnos los informes de los inspectores de la ONU cuando hace ya semanas que disponen en todo detalle de un plan de guerra. El lanzamiento de 3.000 bombas inteligentes y misiles, en las primeras 48 horas, la invasión terrestre desde Kuwait y Turquía, y la constitución de una administración civil tras el ataque, nos lleva a pensar lo inútil que resulta perder el tiempo en justificaciones, cuando la decisión está tomada desde hace meses. Se ha tomado porque Bush tiene múltiples razones para atacar Irak. Razones personales. Acabar lo que su padre no terminó, hacerse con el control de una región estratégica, defender a Israel, subir sus índices de popularidad, probar la última tecnología en armamento, demostrar la primacía de su país y gestionar producciones de petróleo. Son cuestiones personales a las que hay que añadir el ridículo de que aún hoy anda corriendo detrás de Bin Laden. Por qué EE. UU. va a atacar a los iraquíes lo tenemos todos claro. No necesitamos más explicaciones. Lo que no alcanzamos a comprender es por qué el Gobierno español está tan preocupado por arreglar Irak cuando tiene su país patas arriba.