BENIGNO PRADO
03 feb 2003 . Actualizado a las 06:00 h.Cando Deus dá, non é migalleiro, dice el refrán gallego. Así cabía temerlo -o desearlo, según colores- cuando se supo que el presidente de la Xunta había sufrido un vahído en Fitur, en pleno canto a la Costa da Morte. Vimos las imágenes y no nos quedaron dudas, aunque seamos profanos en medicina. Fraga había sido víctima de una lipotimia, algo de lo que nadie está libre, sea cual fuere su edad, sobre todo si sucede por la mañana, con el estómago semivacío, acaso alguna bebida fría y, con frecuencia, un compromiso público que obliga a uno a hablar sin consideración a que, de pronto, se quede en blanco. Hemos sido testigos, e incluso pacientes ocasionales, de casos por el estilo. Un poco de azúcar obra milagros aparentes. Cierto que los políticos no se hallan a salvo nunca, son blanco de todas las miradas y maledicencias interesadas. Algunos, mejor intencionados, se alarman por la edad del mandatario. Ochenta años no son pocos, pero tampoco lo que eran. Si nos atuviésemos a los problemas de locomoción, los mareos y las vacilaciones orales, ¿cuánto tiempo hace que hubiese fallecido Wojtyla? Claro que Manuel Fraga no es el Papa, por mucho que se mueva Roma con Santiago.