En espera de la guerra

PABLO GONZÁLEZ MARIÑAS

OPINIÓN

LA GUERRA puede destruir la vida de algunos, de miles tal vez, pero no la vida misma, hecha de acciones y reacciones, de estados psicológicos que la definen. Y el de ahora es fatal. Siempre es atroz la guerra, pero casi tan horrible es su antesala. Ya en la tragedia, uno puede ser libre, como Antígona, y afrontar su destino. Pero en la espera de lo que se da por cierto, nos sentimos maniatados e impotentes. Los actores del drama ya ni se preocupan de disimular la trama de fondo. Oír que quien no apoye en el ataque «se quedará sin petróleo» es tan descarado e inverecundo como que ya las grandes compañías petroleras, al parecer también alguna española, tengan asignado su campo de extracción en tierras de Irak. Leer The Economist estos días es mucho más revelador que todos los desvergonzados y cínicos discursos políticos con que se nos obsequia. Escribo en el día de Santo Tomás, pero sigo sin entender la relación analógica entre Dios y realidad.