Envejecimiento

OPINIÓN

DAR VIDA a los años se ha convertido en un reto para los poderes públicos de la sociedad desarrollada; inmediatamente surgen demandas económicas, sociales y sanitarias, que las instituciones públicas del sistema democrático deben poner en marcha para garantizar el ejercicio de la ciudadanía integral, también al segmento poblacional conocido como Tercera Edad. Nuestro país se ha hecho viejo, nacen pocos niños, y la esperanza de vida se alarga en torno a los 80 años; pero lo mejor es la fuerza vital que persiste a pesar de la edad, para disfrutar, convivir y participar en la actividad social tras la jubilación. Hacemos un llamamiento a la reflexión gerontológica en la universidad, los servicios sociosanitarios, la economía, el consumo, la información, la moda, el comercio, la política en torno a las viviendas... Un plan gerontológico debería ser un manual abierto, revisable, para investigar, prever, diseñar, motivar y profesionalizar todo lo necesario a fin de evitar que los años se conviertan en un lastre para el acceso a los derechos sociales del ciudadano. Los servicios sociales para la Tercera Edad, y especialmente los equipos de salud multidisciplinares, deberían ocuparse de las demandas del envejecimiento, formando así el tercer pilar, junto con la atención primaria y la especializada, de un modelo asistencial que gravita en torno a la actividad de los centros de salud. Los problemas de nuestros mayores no se resuelven incrementando, sólo, la cuantía de sus pensiones; ni mucho menos dejando en manos de las familias los cuidados de sus mayores. Hace falta promover residencias, pisos asistidos, hogares del pensionista y actividades que mantengan su autonomía. Merece la pena desarrollar los programas de aulas para la tercera edad, la balneoterapia como turismo social, el interés por Internet, la participación en foros y asociaciones ciudadanas. Es necesario que en el avance para el desarrollo no nos olvidemos del fenómeno social del envejecimiento.