Tragedia espacial

JAVIER FERNÁNDEZ ARRIBAS

OPINIÓN

01 feb 2003 . Actualizado a las 06:00 h.

EL PROGRESO de la humanidad siempre ha exigido grandes sacrificios. Basta con echar la vista atrás para comprobar lo mucho que se ha avanzado en todos los terrenos y evaluar los costes humanos y materiales. Lo que ocurre es que nos hemos acostumbrado a asistir con total naturalidad a los viajes de los transbordadores espaciales. Incluso, la construcción de una Estación Espacial Internacional nos parece de lo más normal. Pero la tragedia del transbordador Columbia nos debe hacer reflexionar sobre las condiciones y medios para conseguir los objetivos. Y sobre todo, sobre la condición humana. No somos infalibles. La sociedad norteamericana asiste en los últimos meses a la actuación imperial de su presidente, George W. Bush, y de sus colaboradores que, imbuidos de una enorme prepotencia, aseguraban ser capaces de mantener dos guerras a la vez: Irak y Corea del Norte. La humildad y el respeto, de la mano del rigor, son las condiciones idóneas para superar las dificultades en este mundo. Este accidente espacial, descartada en principio cualquier mano terrorista barajada por la presencia de un astronauta israelí, representa un duro golpe no sólo para la NASA y los Estados Unidos, sino para la comunidad internacional, que por fin se había comprometido unida con la creación de la Estación Espacial Internacional. Tampoco los europeos y los rusos, con los recientes fracasos del Ariane 5 y el Protón , viven momentos felices en unos viajes espaciales que incluían ya turistas . En este caso, como en la mayoría, hay héroes y profesionales anónimos que no dudan en arriesgar sus vidas por conseguir dar un paso más en el progreso de la humanidad. Sólo podemos agradecer a los siete astronautas y a sus familias su enorme sacrificio y exigirnos más prudencia y seguridad por mucho que vivamos ilusoriamente la era galáctica .