Triunfo

La Voz

OPINIÓN

CARLOS G. REIGOSA

31 ene 2003 . Actualizado a las 06:00 h.

POCAS COSAS fastidian más a un columnista que verse en el trance de rectificar. Fastidia tanto que en general no lo hacemos. Ésta es una rara excepción. Un día saludé con entusiasmo, aquí mismo, ese programa televisivo que se llama Operación Triunfo, por considerar que nos liberaba de la zafiedad de Crónicas Marcianas, de Gran Hermano y de todas esas abominables salsas rosas a corazón abierto que se han impuesto en nuestras televisiones, sin que ningún zapping pueda ponernos a salvo. Confieso que desde que escribí eso no he hecho más que arrepentirme. Después de unos primeros momentos de frescura, estímulo y superación, OT se ha convertido en el líder musical del todo a cien, en el más implacable tostón de los últimos años, en un insufrible martirio del que ya nadie nos librará. Atacan por prensa, radio y televisión y lo mismo nos asaltan en la antesala del dentista que en la peluquería o en la radio del coche o, masivamente, en la misma televisión que los parió. Bisbal, Chenoa, Bustamante y compañía han tomado el hit parade nacional. Los medios de comunicación y una mercadotecnia en dosis de caballo los han entronizado como los nuevos oráculos musicales y ya no hay forma de sacárselos de encima. Perdón.