Tiempo de paz


CUANDO LOS TAMBORES anuncian la guerra que Estados Unidos ha declarado contra Irak, hablar de paz puede resultar paradójico.No obstante, y precisamente en este momento, conviene recordar a aquellos países que intentan construir una convivencia pacífica y apuestan por la democracia, ese viejo sistema que de puro gastado en Europa o América, a veces parece poco útil o insatisfactorio.Es el caso de Angola, que tras muchos años luchando por independizarse de Portugal tuvo que esperar al 11 de noviembre de 1975 para ver la retirada de autoridades y tropas coloniales. Los repetidos ataques de Sudáfrica, la ayuda cubana, la guerrilla y una lenta transición hacia la democracia, han ido sembrando de cadáveres y minas homicidas el territorio y el alma de los angoleños. En el camino, las mujeres han cobrado un protagonismo extraordinario en un país donde son el sector de la población que concentra mayor número de muertes, sea por desnutrición, abortos ilegales, agresiones o abuso físico y psicológico.He tenido ocasión de convivir unos días con veinticinco mujeres de esta república africana que se encuentran en España para formarse políticamente y poder concurrir como candidatas en el proceso electoral que tendrá lugar en 2004. Confieso que me han enseñado muchas cosas y han conseguido reavivar la fe en la idea de que la utopía se construye trabajando y sin concesiones al desaliento.Las angoleñas saben muy bien que la violencia tiene muchas caras. A la dominación colonial, las guerras fratricidas, el hambre y la enfermedad, se une en su caso -como en el nuestro- la violencia de género. Por eso se están preparando para gestionar la paz. Es un buen ejemplo para combatir el ambiente prebélico que nos invade.

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