Hacia la guerra

| ENRIQUE CURIEL |

OPINIÓN

30 ene 2003 . Actualizado a las 06:00 h.

TODO INDICA que nos aproximamos a la hora de la verdad; al inicio de una guerra que ya está produciendo unos desgarros en las opiniones públicas, dentro y fuera de los Estados Unidos, desconocidos desde la guerra de Vietnam. Y no será una guerra «limpia», «quirúrgica» o «rápida». Aunque ahora tampoco nos muestren los cadáveres en las televisiones, conviene saber que durante la guerra del Golfo murieron trescientos mil iraquíes como consecuencia de las operaciones militares y otros trescientos mil el primer año posterior a la guerra, como resultado las heridas sufridas y por la utilización de uranio empobrecido prohibido por los convenios internacionales. Además, noventa mil niños han fallecido cada año, según los datos de UNICEF, por tumores diversos y la falta de los medicamentos. Es evidente que Sadam es un personaje peligroso, pero no muy diferente a muchos de los amigos de Bush que gobiernan en la gran mayoría de los países del Golfo Pérsico y que poseen las reservas de petróleo. Y para atrocidades, tampoco son menores las que, día tras día, comete el recién reelegido Sharon en Palestina. Pero todo esto resulta irrelevante. La decisión del ataque está adoptada hace muchos meses, incluso antes del 11-S, y se llevará a término. Algunos presidentes europeos, entre ellos Aznar, no han dudado en respaldar la teoría de la guerra preventiva en una carta pública, rompiendo el consenso de mínimos alcanzado el lunes en Bruselas. Bob Woodward, inolvidable investigador del asunto Watergate que supuso la dimisión del presidente Nixon, desvela, en el libro publicado hace pocas semanas, el contenido de las reuniones del Consejo de Seguridad Nacional celebradas el 12 de septiembre, veinticuatro horas después de la hecatombe de las Torres Gemelas. En la reunión, que comenzó a las cuatro de la tarde, Rumsfeld sacó a relucir la cuestión de Irak. «¿Por qué no vamos a por Irak también, aparte de Al Qaeda?», preguntó. Y Wooddward confirma que los análisis y proyectos en relación con Irak habían comenzado meses atrás. Porque el proyecto de guerra tiene un propósito más ambicioso. En realidad, desde la llegada de George W. Bush a la Casa Blanca, se perfiló un programa de varias décadas de duración, como relata William Pfaff, para reemplazar a todos los gobiernos de Oriente Próximo, Asia central, Pakistán y Afganistán, impulsar reformas y garantizar la tutela americana en la región. También se pretendería forzar una salida al conflicto palestino, imponiendo un acuerdo con la anexión por parte de Israel de los territorios ocupados, la expulsión definitiva de los palestinos y la eliminación política o física de Yaser Arafat. Ésta es la verdad, y Europa, la vieja Europa , tiene que decir que no.