Resentidos

| ERNESTO S. POMBO |

OPINIÓN

JOSÉ MARÍA AZNAR ha intentado cerrar la crisis del Prestige , con una reunión multitudinaria de exaltación, rodeado de caras amigas e insuflando ánimos a sus muchachos. Pocas veces el presidente se ha mostrado más firme ante su parroquia. Pero pocas veces también ha estado más desafortunado. No se merece Galicia, ni por supuesto los gallegos, un discurso como el que el domingo dejó Aznar en Compostela. Plagado de descalificaciones. De desaciertos. De medias verdades. Ni la peor de las oposiciones, que no es el caso, merece lo que el presidente Aznar ha dicho de ellas. Tampoco los que hemos criticado, criticamos y criticaremos la gestión de la catástrofe merecemos que tras el sufrimiento padecido, se nos considere «profesionales del resentimiento». Somos profesionales, pero del dolor, de la resignación y de la humillación. Jaleado por los habituales coros de palmeros y rondalla de guitarreros, Aznar fue más allá. No dudó en asegurar que la calamidad del Prestige «forma ya parte del pasado». No es cierto. Mientras Galicia sigua padeciendo los efectos del fuel como padece, estamos hablando en presente. Mientras el futuro se sustente en promesas y nuestras playas y nuestras costas mantengan el estado agónico, no podemos conformarnos y pasar página. El plan de reactivación, con ser importante, no otorga autorización a nadie a pronunciar un discurso como el del domingo en Compostela. Repleto de desatinos. Sin una sola palabra de autocrítica. Ni un solo acto de arrepentimiento. Los gallegos ya hemos soportado todo lo soportable, para vernos obligados ahora a escuchar acusaciones y descalificaciones. Decía Cicerón que «donde hay soberbia, allí habrá ignorancia; mas donde hay humildad, habrá sabiduría». Y eso es, precisamente, lo que falta.