Israel, en punto muerto

OPINIÓN

29 ene 2003 . Actualizado a las 06:00 h.

A LOS observadores cada vez les cuesta más hacer análisis sobre Israel y la situación de los palestinos, porque cada vez es más difícil explicar el callejón sin salida en el que unos y otros se internan con determinación, como si al final del mismo vislumbrasen un milagro, una tierra prometida, la divina aniquilación del contrario o algo parecido. La realidad, sin embargo, es que todo ha empeorado de un modo brutal y que ni israelíes ni palestinos están ante nada esperanzador. La llegada al poder de Ariel Sharon señaló el punto de arranque de una escalada militar plagada de represión y de terrorismo. Judíos y palestinos se han enfrascado en el peor de los duelos: aquel que supone cada día una mayor desestima del contrario como ser humano sujeto de derechos. Todo se ha ido inmolando en el ara del odio que crece y aumenta como único alimento de la dignidad de unos y otros. Conozco judíos y palestinos y observo la profundidad del cambio. Con la mayor naturalidad, los primeros lo justifican todo como una respuesta legítima al terrorismo palestino, que debe detenerse antes de intentar cualquier entendimiento. Los segundos dicen preferir a Ariel Sharon en el Gobierno de Israel para que el mundo vea el tamaño del elefante que los aplasta, la verdadera faz del ogro militarista que destruye sus casas y mata a sus habitantes. Un panorama desolador. Sharon ha ganado ampliamente las elecciones el pasado martes, pero todos saben que nada puede cambiar con ello. La sociedad israelí está enferma, aquejada de ansiedad y de rabia. La sociedad palestina está desarticulada, desesperada y, como consecuencia de ello, sectarizada. La crisis económica golpea a ambas partes (más a los palestinos, obviamente) e impide vislumbrar un horizonte de entendimiento. Como en los peores tiempos, los mejores deseos de cada uno son la erradicación del contrario. Sin miramientos. Sin contemplaciones. En este punto seguimos.