Canina elocuencia

| PABLO GONZÁLEZ MARIÑAS |

OPINIÓN

29 ene 2003 . Actualizado a las 06:00 h.

EN ESTO del ladrar, aplicado a los humanos, tenemos gran tradición literaria y política. No deja de ser contradictorio que un país que dice que el perro es el mejor amigo del hombre, tenga su arsenal lleno de expresiones con clara intención ofensiva, como «perro judío» y otras. A veces, el insulto es más oblicuo. Aquí estarían el culto «ladran, luego cabalgamos», o los más populares «vida de perro», «perra vida» o «perro ladrador, poco mordedor». Como se ve, una gran riqueza expresiva, que toma a los canes por pretexto. Es posible que todo esto tenga un trasunto clásico que hayamos heredado. San Jerónimo llamaba a los matrimonios ilícitos « nuptias caninas » y Quintiliano hablaba de la « canina eloquentia» , aplicándosela al orador dado a morder verbalmente. Y cuentan que, en un alegato en defensa de un amigo, Cicerón estuvo mucho rato gritando, Y ante ello, el acusador le preguntó: «¿Por qué ladras tanto?». Cicerón respondió rápido: «Para que tú me entiendas». Lo que no sé es cómo terminó el pleito.