Aznar, el último

JOSÉ MARÍA CALLEJA

OPINIÓN

LA DECISIÓN de José María Aznar de presentarse el último en la lista del PP para la alcaldía de Bilbao tiene un efecto simbólico, busca un estímulo en los votantes actuales y quién sabe si futuros del PP, y ha conseguido llevarse los titulares del fin de semana y alzar otra vez al protagonismo único al presidente del Gobierno en pleno trasiego sucesorio. Antes de nada hay que establecer que sería imposible una iniciativa de estas características si no fuera porque en el País Vasco no hay libertad. Las listas para las elecciones, del tipo que sean, suelen ser motivo de disputa en todas las comunidades autónomas de España. En principio, a casi todo el mundo le hace ilusión ser alcalde de su pueblo , llegar a concejal, influir en la vida del lugar en el que nació, tratar de mejorar sus condiciones de vida, ser querido por sus vecinos, etcétera. En el País Vasco, ser concejal del PP o del PSE-PSOE lleva implícito el riesgo de pena de muerte. Los que sobreviven a esta sentencia que, con reiterada saña, ha puesto en práctica el terrorismo nacionalista vasco, se ven condenados a vivir escoltados, a no poder salir de casa como los demás vecinos, les está vedado entrar en ciertas zonas de su propio pueblo, no digamos ya en determinados bares, y sus sedes, si es que existen, son verdaderos búnkeres, caso de Hernani, o no existen, caso de Rentería, donde el PSE-PSOE, con mayoría absoluta en el municipio, no tiene una sola Casa del Pueblo al haber sido incendiada y atacada en ¡treinta ocasiones! la anterior. Así las cosas, los socialistas se han quedado sin sus cinco concejales en Zumárraga, pueblo de Guipúzcoa en el que tuvieron la alcaldía en la legislatura anterior, al haber dimitido todos sus ediles después del asesinato de Froilán Elespe, concejal socialista de Lasarte. El PP tiene un solo concejal, que vive blindado literalmente, después de que ETA le metiera diecisiete tiros al otro edil popular, Manuel Indiano. No ha habido quien haya querido sustituirle. Hay mil ejemplos más que sirven para demostrar que ser concejal en Hernani, insisto, del PP o del PSE-PSOE, no es en nada comparable con ser concejal, por ejemplo, en A Coruña por esos mismo partidos. El PP ha conseguido ganar al PNV en Bilbao, en las generales de 2000; se trata ahora de intentar la victoria en las municipales. El tiempo dirá si el PP lo logra o no, pero, de momento, el gesto de Aznar quiere mostrar cariño a quienes se juegan la vida por defender las libertades de todos.