El árbol que yo planté

PABLO GONZÁLEZ MARIÑAS

OPINIÓN

21 ene 2003 . Actualizado a las 06:00 h.

ALUDE GOETHE a una antigua máxima: «He tropezado con las raíces del árbol que yo mismo planté». Y añade, con evidente sorna, que quien dijo esto debió de ser algún viejo guarda forestal. Sin embargo, el dicho resulta generalizable a la mayoría de las conductas humanas y desde luego políticas. Fraga se mostró tolerante y hasta complacido con las osadas afirmaciones de Cuíña de que el PP de Galicia estaba en la frontera misma de la autodeterminación. Y compartió con él, en la romería del Faro, allá donde termina Lalín y comienza Chantada, efervescentes jornadas de exaltación diferencialista, porque así sacaba pecho ante Madrid, ante una Génova todavía respetuosa de la auctoritas del padre fundador. Hoy las cosas han cambiado, y el viejo león ha de agocharse ante los dictados de una clase política que quiere un nuevo aire, más moderno , menos populista y en el que se hable lo menos posible de diferencialidades incómodas. Lo que cuesta es entender el porqué de una rendición tan fácil.