TRIBUNA
19 ene 2003 . Actualizado a las 06:00 h.SE DISOCIAN y enfrentan los puntos de vista entre los criterios políticos de la Casa Blanca y las estimaciones técnicas de la inspección de la ONU. Cuestión de tiempos en el primer disenso expreso entre el Ejecutivo de Washington y el jefe de los inspectores, Hans Blix, a propósito de si el próximo día 27 es plazo válido para cerrar la inspección. Enfrentamiento de criterios sobre el segundo asunto, en que se hace patente el desacuerdo: qué significa el lote de ojivas de misil diseñadas para portar armas bioquímicas encontrado en un almacén, cubierto de polvo de varios años, que ya había sido rastreado anteriormente por los inspectores. La suma de estos dos graves asuntos es de tanto peso que Bagdad ya tiene la percepción de que los tambores de la guerra baten junto a sus puertas. No se explica de otra manera lo incendiario del discurso/arenga de Sadam Huseín en el aniversario del inicio de la Guerra del Golfo. El tormentoso debate abierto con el tema de la inspección ha tenido dos hitos de mayor relieve: el encuentro de París, con el presidente Chirac, y la visita, en Londres, con el primer ministro Blair, de Hans Blix y Mohamed el Baradei, director de la Agencia Internacional de Energía Atómica. Tan en alto se han puesto las espadas, con una parte norteamericana tan radicalizada en la esgrima de su percepción, que hasta los británicos le pierden el paso, que o bien Irak hace una flexión añadida o Bush se arranca en solitario, y en el desierto de Irak estalla como una tormenta la nueva guerra. El orden mundial se mueve sobre el filo de la navaja: o la clave del desenlace permanece en el seno del Consejo de Seguridad, o el principio internacional de legalidad, de civilización y norma se habrá ido por la cloaca de la Historia. Cuando suenan tan fuerte los tambores de la guerra, no se oyen las palabras.