El guiñol del post-fraguismo

| FERNANDO ONEGA |

OPINIÓN

18 ene 2003 . Actualizado a las 06:00 h.

¿ESTÁ CERRADA la crisis? En su parte administrativa, sí. Fraga no hizo más que adelantar el reajuste y buscar rápido sustituto para Cuíña. Sólo queda la duda periodística de por qué no entró Palmou en el nuevo Gobierno. Pero ahora empieza la batalla de futuro. Decíamos hace dos días que ha comenzado el post-fraguismo, y en ello estamos, aunque Javier Arenas ha dicho ayer que «no es momento de plantear nada que afecte a la sucesión de Fraga». No es momento, no. El calendario tiene otros cuatro capítulos por delante. El primero, de desorientación hasta mayo: nadie sabrá a dónde mirar. El segundo, el resultado de las municipales, y en todo caso pagará el pato lo que representa Cuíña: si hay recuperación de voto urbano, se dará por bien hecha su destitución. Si no la hay, también, porque es el culpable de la tendencia. El tercero, la sucesión de Aznar. Si es Rajoy, no habrá quien le discuta su derecho a decidir en Galicia. Si no lo es, ¿por qué no podría aterrizar él mismo en la Xunta? Y el cuarto, las elecciones generales del 2004. Marcarán el comienzo de la auténtica batalla por el poder en Galicia. Quiere decirse con esta mirada al calendario que ha comenzado el post-fraguismo, pero es un asunto lejano para la dirección nacional del PP, que tiene problemas más urgentes en qué pensar. Pero justo en ese punto es donde surge la pregunta fundamental: ¿es que el destino del PP gallego se decidirá en Madrid? ¡Naturalmente que sí! Ya está ocurriendo. ¿Quién impidió la declaración de Fernández de Mesa ante el Parlamento? ¿Quién aplaudió más la defenestración de Cuíña? El eje Génova-Moncloa. El Gobierno gallego, mientras sea del PP, es una parte más del engranaje. Y, en cuanto se refiere a la ideología, ni Aznar ni quien le suceda permitirán un deslizamiento hacia el nacionalismo. Por todo ello, el análisis político dice que quizá no ocurra nada, si el PP sigue manejando el poder en Galicia. El miedo guarda la viña. Pero si hay indicios de descenso o las municipales anuncian sepultura, se enfrentarían dos conceptos: el que sitúa a Madrid frente al galleguismo, y el que opone birrete a boina . Quiere decirse que hay base teórica para una nueva fuerza política de centro y galleguista. Y quiero recordar que esta misma batalla se planteó en el PSOE en la famosa pugna entre renovadores y guerristas. Rodríguez Ibarra fue el Cuíña de Extremadura, igual que Bono en Castilla-La Mancha. Y ahí están. Los renovadores no paran. No paran de recibir homenajes de consolación.