Herodes, en Vitoria

OPINIÓN

27 dic 2002 . Actualizado a las 06:00 h.

LO DEL Parlamento vasco ha sido de antología. Pasará a la historia con un título como éste: «Cómo ganar una votación con menos votos que el adversario». Alguien más maledicente que yo diría: «Cómo unos pillos se han merendado a unos pardillos». Entiéndase por pardillo la acepción de ingenuo o poco experimentado. Jaime Mayor, tan admirable por tantas razones, ya tiene un motivo y un mérito para celebrar como propia la festividad del 28 de diciembre, día de los Santos Inocentes. Su Herodes ha sido quien tenía que ser: Juan José Ibarretxe, el del «estado libre asociado». Por eso, las carcajadas del PNV y sus socios se tienen que estar oyendo todavía en los bazokis . Cuando se gana una votación con mayoría natural, no se requieren ni aplausos. Pero, cuando se gana sabiendo que se iba a perder; o cuando es fruto de una tontería del contrario, que mete un gol en propia puerta; o cuando funciona una trampa exquisitamente tendida, hay que lanzarse directamente al cachondeo. Y en este caso, los ingredientes son tentadores: faltaba un huido de la Justicia, que es Ternera; la cabeza del brazo político de ETA, que es Otegi, una parturienta y un aspirante a la presidencia del gobierno de España. Para redondear debidamente el cuadro, un señor del PP se equivocó y dio su voto al gobierno que quieren derribar. Realmente, al PP le está abandonando la buena suerte. Si los comentarios no son crueles, es porque Jaime Mayor Oreja merece mucho respeto. Es la primera vez que comete una pifia. Y ha sido tan sentido al pedir perdón por «no haber estado a la altura de las circunstancias», que sería injusto ensañarse con él. Pero la historia es la historia, y los nacionalistas podrán ser unos tramposos; pero lo han sabido hacer. Han demostrado que los votos son para quien los trabaja. La oposición les ha dado un año más de gobierno como regalo de Navidad. Perdón, de inocentes. Perdón, de pardillos.