AÚN CON todos los inconvenientes de explotación comercial de las necesidades creadas a la infancia, Harry Potter al menos tiene una categoría que falta a otros productos de gran consumo. En Harry Potter y la piedra filosofal había reminiscencias de lo mucho bueno de la literatura infantil de todas las épocas. Las de la Cenicienta, La Historia interminabl e, incluso, Caperucita y el lobo , etcétera. Cuando el antropósofo Michael Ende se planteaba, (en una aplicación de los planteamientos de la escuela hermética, que tanta importancia tuvo en el desarrollo del neoplatonismo y el Renacimiento), que el reino de Fantasía debía ser pensado por Sebastian para poder mantenerse, estaba invitando a la recreación de la realidad por la mente. Gracias a Harry Potter, Nicolás Flamel, el casi olvidado alquimista medieval, se convierte ahora en personaje casi tan famoso como un cantante de Operación Triunfo . Tarea hermosa, pues en gran parte la realidad es mental, de modo que las cosas, en gran medida, son como las pensamos. En Harry Potter existe todo un repertorio de conocimientos esotéricos. El niño huérfano, como casi todos los héroes salvadores de los mitos. La redención por la magia, puesta al servicio del bien. Los umbrales iniciáticos, con sus repulsivos guardianes. El espejo puesto frente a lo que la escuela Martinista llama el hombre del deseo, y los hindúes el Kamaloca . Y de valores a desarrollar en la vida: la valentía, que no temeridad, la inteligencia, el sentido del deber y del altruismo, más fuertes que el miedo o la pereza, la discreción. Los valores del ideal iniciático caballeresco, cuya máxima expresión literaria se halla en El Quijote , que permiten el desarrollo de la civilización en el mundo y cuyo desuso arrastra a la barbarie personal y colectiva. El hermoso mito medieval del unicornio: el esquivo animal que habita en lo más intrincado del corazón y sólo se deja acariciar por doncellas que les susurran al oído sus más nobles ilusiones, representativo en los libros de alquimia del Uno, el Espíritu, y su trasunto la piedra filosofal, frente al ciervo, símbolo de la dualidad del mundo manifestado en la Materia. Ahora se nos habla del fénix, símbolo del cristianismo primitivo, luego rosacruz, con su noble significado de sacrificio de la forma temporal para permitir la Vida, como una esperanza siempre renovada.