ES SORPRENDENTE la capacidad que ha tenido el Gobierno para concitar en pocos meses la animadversión de la práctica totalidad de los medios de comunicación, el alejamiento paulatino de directivos y empresarios y la crítica de la opinión pública. Sobre los primeros, una destacada figura del PP comenta estos días con amargura que «hemos conseguido tener en contra a todos los medios de comunicación que hasta ahora nos respaldaban». En pocos meses el panorama mediático se ha vuelto del revés. Fomentando desde Hacienda la competencia desleal de TVE con su política comercial, hasta detraer este año del mercado 120 millones de euros que no sirven ni para frenar el déficit anual de explotación, se han enfrentado a las radios, a los diarios y a las televisiones; es decir, a todo el sector privado. No contentos con ello, las últimas decisiones del Ejecutivo en el mapa audiovisual, declarando ilegal hoy lo que ayer era legal, no ha hecho otra cosa que encrespar más los ánimos, hasta alcanzar un grado de hostilidad como no se había visto en muchos años. Mayor ceguera del Gobierno haciendo lo contrario de lo que prometió el PP en su programa electoral no cabe. En el frente de los directivos y empresarios las cosas también empeoran y aunque siguen siendo mayoría los que aprueban su gestión, la proporción de los que consideran que la acción política y económica del Ejecutivo es notable ha bajado en un año del 58,4% al 36,4%, según la encuesta del IESE y Burson-Masteller. La desaceleración de la economía y la rectificación en la reforma de la protección por desempleo empiezan a pasar factura a la imagen que los empresarios tienen de la gestión del gabinete. Con la opinión pública las cosas tampoco le son favorables tras las primeras semanas de desconcierto para afrontar la catástrofe del Prestige . Azuzados por la oposición, muchos ciudadanos empiezan a abandonar al PP ante la imagen de prepotencia que proyecta. Las locales y autonómicas están a la vuelta de la esquina y doblarla bien es la clave de las generales del 2004. Todos lo saben y por eso guerrean para que no les salpique el chapapote.