Onde non hai patrón...

OPINIÓN

20 dic 2002 . Actualizado a las 06:00 h.

TODOS LOS gallegos hemos dicho alguna vez que «onde hai patrón non manda mariñeiro». Nuestra juventud rebelde se estrelló con armas y bagajes contra ese apotegma contundente e inmovilista que los mayores manejaban con excepcional maestría, y hasta tal punto nos hemos fiado de su naturaleza indiscutible que, lejos de verlo como un tierno brote de esa forma exquisita de ignorancia que es la sabiduría popular, siempre lo hemos considerado como una verdad extraída del Credo, o como una conclusión metafísica que se impone contra cualquier raciocinio. Y así hemos logrado que nuestra arquitectura social dependa en su mayor parte de este enunciado que, hecho para mantener el orden a bordo de los pesqueros, acabó por inspirar todas las relaciones internas de la política gallega. Pero ya se sabe que el tiempo pone a cada uno en su sitio, y, cuando las circunstancias cambian con una evidencia cegadora, o cuando la gravedad de los hechos deja caer su aldaba sobre las conciencias dormidas, hasta los refranes más consagrados sucumben sin remedio frente al ataque de las nuevas perspectivas. Por eso entiendo que el tercer Milenio se haya aliado con el Prestige para demostrar que, de la misma manera que el 11-S nos impide decir que «torres más altas cayeron», el 13-N nos obliga a subvertir la fórmula del famoso refrán que regía nuestras vidas antes del chapapote: «onde non hai patrón teñen que mandar os mariñeiros». Cinco semanas después del hundimiento, cuando vamos por la cuarta marea negra, el caos de la Administración que coordina Mariano Rajoy sigue siendo un auténtico bochorno. La actitud de los marineros es una epopeya tan admirable como insuficiente, y los pasos que definen la buena intención de retomar aquí y allá el timón de los hechos evidencian un noqueo intelectual y político que no presagia nada bueno. Por si algo faltaba, los ciudadanos estamos recibiendo los informes del nuevo Comité Científico con esta brillante perífrasis del vicepresidente: «Los técnicos se inclinan por decir que el flujo de petróleo podría estar reduciéndose» (¡!), para que todos nos enteremos -supongo- de algo que es muy comprensible si se dice con todas las letras: «Con el barco partido y hundido a 3.700 metros de profundidad, aún tardaremos mucho en conocer y controlar la situación». Por eso quiero hacerle una reomendación al Sr. Rajoy: si va a seguir por este camino en sus informaciones oficiales, es mejor que cambie el Comité Científico por un Comité de Gente de Letras. Porque, al menos en este naufragio, hemos demostrado ser los más serios, saber más que los de ciencias y... cobrar mucho menos. ¡Pruébelo, Sr. Rajoy! Porque no tiene nada que perder.