Las suertes de Chávez

RAMÓN CHAO

OPINIÓN

12 dic 2002 . Actualizado a las 06:00 h.

HACE UNOS meses, cuando el golpe de Estado contra Chávez, su detención y la presidencia honoraria del fantoche Carmona, jefe de los empresarios, Ignacio Ramonet fue el único analista que, a mi entender, en el mundo en esta rúbrica profetizó: Y Chávez volverá. Horas después, la legalidad constitucional volvía a instalarse en el palacio de Miraflores. Como con Ignacio llevo largo tiempo de amistad cariñosa y emulación constructiva, me veo empujado a vaticinar ahora sobre el mismo tema, rogando a la Pitia que no me abandone y me r8etire las dotes adivinatorias. La historia reciente, los eventos actuales en Caracas y en el resto del mundo me incitan a ser a mi pesar pájaro de mal agüero. Con actitud dubitativa y en papel de abogado del diablo digo: Chávez puede caer. Comentando el paro indefinido decretado por los que desean atajar el proceso constitucional (Chávez fue elegido por voto dos veces ratificado), con muertos que achacan a sus partidarios (cuando está demostrado por su pasaporte que el personaje acusado se hallaba en el extranjero); comentando, digo, las revueltas, cacerolazos y muertes, el muy serio The Guardian británico habla de ambiente pinochetista. La situación en Venezuela hoy, y desde hace un par de años, es equiparable a la chilena de los setenta: presidentes legales y progresistas (uno culto y refinado; otro militar y mestizo, lo cual es peor), y en frente una clase pudiente dispuesta a todo, con los medios de comunicación en guerra ( El Universal de Caracas nada tiene que envidiar en virulencia al Mercurio de Santiago, e igual los sindicatos corruptos y corporativistas, camioneros entonces, y petroleros ahora. Sólo el ejército parece favorecer a Chávez, pero también se decía que el chileno era muy profesional y a su frente tenía a un general constitucionalista. Asesinaron al general Prats y en su lugar pusieron al dictador Pinochet. No es oportuno referir ahora las medidas sociales decididas por Allende. Veamos en qué situación se hallaba Venezuela en 1997, poco antes de la elección de Chávez, y recurrimos a una fuente nada sospechosa de simpatía por él. Según informaciones de la CIA (www.cia.gov/ publications/ factbook/geos/ve), sólo el 10% de la población posee más del 40% de la riqueza nacional, y el 10% más pobre dispone del 1,6%. Chávez se impuso el deber de equilibrar las cifras: decretó una reforma agraria en un país que, dice la citada fuente, sólo cultiva el 3% de su territorio, y puso en actividad los enormes latifundios improductivos. Favoreció la pesca individual, poniendo límites a la industrial; alentó la escolarización de la juventud estableciendo dos comidas diarias para los estudiantes (de lo cual se beneficia ahora más de un millón de alumnos). Copresidente de la OPEP, subió el precio del barril de crudo, haciendo saber de paso a los amos de Bush (Exxon-Mobil) y de Aznar (Repsol), que mientras viviera ni soñaran con la privatización del petróleo venezolano. La guerra de Bush ya no es tan fatal como se temía hace dos semanas. Sus consejeros republicanos le han hecho saber que la economía no la soportaría, y que si no aplasta a Sadam Huseín en momentos u horas, los marines muertos no se contarían y sí los votos demócratas en las próximas elecciones. La segunda suerte de Chávez, terrible es decirlo, depende el destino de Irak. Si este país desaparece del mapa, pero no su petróleo, a EE.?UU. no le interesará abrir otro frente, en América Latina éste, y puede permitirse el lujo de demostrar su liberalismo dejando que Chávez continúe con su experiencia, y a las fuerzas patronales, y al grupo de prensa Cisneros, programador de la desinformació, que se ocupen de él.