Británico

La Voz

OPINIÓN

BENIGNO PRADO

02 dic 2002 . Actualizado a las 06:00 h.

No podía ser de otra forma en pleno merchandising, pero quienes estamos prendados de Hogwart, de Harry Potter y, por supuesto, de J. K. Rowling, tenemos que deplorar la audiovisualización globalizadora de las novelas de la sagaz escritora británica, convertida de la noche a la mañana en una de las personas más ricas de su país. No vamos a negarle aciertos a las películas del ciclo Potter, pero -aparte de la facilidad que hoy existe para los efectos especiales- en modo alguno logra convencernos ni esta ni cualquier otra puesta en escena. Ni siquiera si las hubiese producido y dirigido Steven Spielberg, quien por cierto no logró convencer a Rowling de la americanización de su héroe, como tampoco de ambientar la historia en Hollywood. Como buena británica, la creadora de Potter exigió una estricta sujeción a la atmósfera de Inglaterra. La gente en general no acaba de comprender -nos referimos a los lectores adultos, muchos- que el mundo mágico de Harry Potter es a la vez una parodia satírica de la Albión tradicional, que se resiste a morir, y una cariñosa evocación de esa misma sociedad. Al fin y al cabo, como decía un personaje de Agatha Christie, «no se puede vivir a gusto en ningún otro lugar del mundo».