Marionetas

| RAMÓN CHAO |

OPINIÓN

28 nov 2002 . Actualizado a las 06:00 h.

NO SÉ por qué le andan buscando las tornas. Que si va a ingerir queimadas a Cambados o si se larga a Os Ancares en busca de urogallos. ¿Creen ustedes sinceramente que aunque todo su peso se hallara navegando en el Prestige el barco dejaría de partirse? Antes de ponerse a maldecir de una posible evasión por los cerros toledanos conviene recordar que el famoso vilalbés está consagrado como el político más realista de España (por eso lleva tantos años en cartelera), se sitúa entre los primeros de Europa y estaría en la cumbre si no se le hubiese adelantado Jospin. En plena huelga de Michelín el primer ministro francés confesó que su Estado es impotente ante una empresa multinacional. ¿Y acaso piensan que en este laberinto de armadores con banderas intercambiadas e internacionales tiene más poder el presidente de la Xunta que el responsable de la quinta potencia mundial? ¿No hubiera caído en la demagogia de haber ido a enjugar lágrimas de marineros en Muxía, a sabiendas de la inutilidad de su presencia y del llanto? Hemos de reconocer que una vez más nuestro presidente -el primero en correrse desde la derecha hacia el centro, ese punto estratégico para convertirse en valedor del neoliberalismo- se sinceró antes que Ernesto González Pons, a quien el diario Le Monde trata de cacique del Partido Popular. Textualmente dijo: «¿Qué podía hacer el Gobierno si España no dicta las reglas internacionales que rigen la circulación de barcos basura como el Prestige ?». Fraga llevó la teoría a la práctica con tal sinceridad que puso en evidencia la hipocresía de los que piensan que con unas palmaditas todo se olvida. Y nadie puede negar la sabiduría que implica el paso del más viril falangismo a un modelo eufemísticamente llamado neoliberal, que lo mismo juega con las palabras (liberalismo dejó de significar lo que designaba en tiempos de Fraga Iribarne), que con los intereses y avances sociales de los ciudadanos; un modelo inserto en un sistema de dominación que bajo tintes democráticos genera pobreza y miseria para enriquecer a una minoría privilegiada. La institución práctica de este modelo darwiniano de lucha de todos contra todos, basado en la inseguridad en el trabajo, el paro, las reestructuraciones y las mareas negras. Nada de ello hubieran podido lograr sin la complicidad de agentes en todos los niveles de la jerarquía, sobre todo en los más elevados, de hombres que se creen predestinados y a los que el neocapitalismo utiliza de marionetas. Estos deciden las reducciones de los derechos de aduana, la creación de monedas comunes que permite las transferencias masivas de dinero, la mundialización que nos presentan como una fatalidad griega, el tráfico marítimo. Y sostienen a los organismos internacionales como la Organización Mundial del Comercio o el Acuerdo Multilateral sobre Inversiones, poniendo a los Estados al servicio de las multinacionales y para único provecho de las empresas. Por ello nuestro presidente se ha convertido en ejemplo para todos los que, de derechas o de izquierdas, ansían izarse al poder. Los conservadores aceptan el divorcio, el aborto y la homosexualidad, antes pecados nefastos. Poco les cuesta condenar a la Gloriosa Cruzada Nacional que reverenciaron y ayudaron a triunfar. Han cambiado las creencias ancestrales por otra utopía, la free trade faith . La fe del libre intercambio erigida en modelo. Hombres o partidos, sin olvidar a los socialistas, a los comunistas, ni a los que habiendo pasado de la lucha por la vida a la lucha por el poder, aceptan la organización actual del Estado. Con el ejemplo de Fraga comprendieron que desde el centro se cubren las apariencias democráticas. Por ello se cuadran a la orden de los amos del mundo, hoy americanos, pero que muy bien pueden ser mañana de otro continente. Predican la independencia de los Bancos Centrales, la sumisión de los Estados nacionales a las exigencias de la libertad económica y la supresión de los reglamentos de los mercados, entre ellos el de circulación por tierra, aire y mar. Todo es libre. Viértase lo que se vierta, el caso es que suban las acciones de las multinacionales y que sus fechorías queden impunes. No soy político y para nada moralista, aunque lo esté pareciendo. Hay gente y partidos que aspiran al mando y exigen la dimisión de Fraga, sinceramente dispuestos a ejercer el poder mejor que él. Es posible que con los socialistas el neoliberalismo quedara más encubierto. Pero yo primero le pediría al jefe, cuya energía, voluntad y autoritarismo nadie discute y tiene facultad para ahorcar los hábitos, que nos dé una sorpresa como prometió hace meses y se aventure por una vía indispensable a la supervivencia de la humanidad, basada en principios de interés general, participación directa y solidaridad.