ALEGRAOS, comentaristas: las cosechas del CIS vienen generosas. Hay material para comentar, especular y vaticinar el futuro. Cada poco tiempo, el ubérrimo centro colma nuestras ansias con una encuesta. Y lo más maravilloso: nadie se puede sentir decepcionado por sus sondeos. El PP, porque se mantiene ganador. El PSOE, porque recorta distancias. La oposición en general, porque las denuncias sobre paro y seguridad ciudadana han calado en la opinión. El Gobierno, porque la inseguridad es una preocupación social todavía no alarmante. Confieso que tengo mala suerte: entre tantas encuestas, debo de ser el único español a quien nunca han preguntado. Miento: tampoco han preguntado nunca a nadie de mi familia. Y eso me preocupa, por tres razones: porque empezamos a tener complejo de no participar en una tarea patriótica; porque corremos el riesgo de ser los nuevos marginados a quienes ni preguntan los encuestadores; y porque deja al resto de los ciudadanos sin nuestra colaboración en datos importantes para la convivencia: saber cómo votaríamos hoy (que eso se investiga), qué asunto nos preocupa, qué puntuación damos a un ministro, o cuántas veces hacemos el amor. Así que comprenderán ustedes que, con esta sería limitación, las encuestas sean poco fiables para un servidor. Y además, intrascendentes. ¿Qué importa que hoy le otorguen, por ejemplo, la mayoría absoluta a Fraga, si mañana lo pillan de cacería? ¿Qué importa que Zapatero sea muy valorado, si no sabemos a quién se tendrá que enfrentar en el 2004? Realmente, lo único que me importa es que este país tiene mucho miedo al paro. Y hay mucha gente que teme que la situación económica va a empeorar. Y que Rajoy es el ministro que merece mayor estima. Y, siendo un ministro tan valorado, digo yo que lo tendrán que proponer como sucesor. ¿O serán tan suicidas como para elegir a alguien menos apreciado que el líder de la oposición?