Han matado la esperanza

OPINIÓN

18 nov 2002 . Actualizado a las 06:00 h.

LO DEJÓ dicho Castelao: «O galego non protesta; emigra». Esa imagen que creíamos superada volvió a asomar a la Galicia del siglo XXI. El mensaje más patético, el más humillante, el que muestra una mayor impotencia es el que han repetido gentes del mar gallego en los últimos días: «Estamos pensando en hacer las maletas y marcharnos». Tal es el estado de desolación en que les deja esta nueva catástrofe marítima. ¿Hay justificación para ese derrotismo? Sí: los marineros de Fisterra y de la Costa de la Muerte han vivido ya demasiadas tragedias. Se sienten condenados a una edición periódica de un suceso que siempre recuerda al anterior: un barco que se rompe, una marea negra que llega a la costa sin que haya forma de evitarla y, después, la ruina; un preguntarse de qué vamos a comer mañana; cuándo será el próximo siniestro; qué mar les van a dejar a nuestros hijos. Todo el mundo hace cuentas del coste, como si esto se pudiera medir sólo en dinero. Es mucho, ya lo sabemos. Pero eso se resuelve. Todo lo que se puede arreglar con dinero, se arregla. Veremos llegar las ayudas, y de forma rápida, porque ningún gobierno quiere parecer ineficaz ante necesidad tan evidente. Pero lo peor que ha matado el Prestige no es una economía. Lo peor que ha matado es la alegría de la gente y sus esperanzas de futuro. El mar gallego es hoy mucho más incierto como forma de vida. Rosalía no hablaría hoy de «viudas dos vivos». Hablaría, probablemente, de huérfanos de futuro. Por eso, este martes, cuando Mariano Rajoy se acerca a los municipios afectados, hay que decirle: gracias, vicepresidente. Gracias por sus compromisos de ayuda. Pero el drama no es sólo el de hoy. El drama asoma cuando estas gentes miran al futuro. El drama es que, por un accidente, por un pirata del mar, el gallego ya no tiene fuerzas para protestar más. Sólo tiene fuerzas, como en tiempos de Castelao, para pensar en emigrar.