Servicio policial

| PABLO MOSQUERA |

OPINIÓN

ALGUNOS TARDAN tiempo en descubrir dos hechos. Ser policía es muy complicado. La policía es un servicio público esencial para garantizar el derecho a la seguridad. Los vascos lograron que se les reconociera el pasado histórico de viejas policías forales: Miñones de Álava, Forales de Vizcaya, y Mikeletes de Guipúzcoa. Así justificaron el derecho a la policía autonómica, que el Estatuto de Guernica contempla como policía integral, es decir, que actúe en todos los delitos, incluidos narcotráfico y terrorismo. La presencia de policía vasca ha puesto en marcha la reivindicación de policías autonómicas; no sabemos exactamente para qué, pero sí sabemos que incrementa el gasto público, da problemas de coordinación, y crea agravios comparativos por sueldos y disponibilidad de medios. Mientras, la Guardia Civil sigue siendo un cuerpo policial ejemplar, al que las jóvenes policías terminan mirando como «hermanos mayores». De ahí que no sea suficiente con felicitarlos cada vez que nos hacen un servicio. Debemos pedir que se les pague con suficiencia y se les dote de los medios para seguir persiguiendo al delincuente. Siempre recordaré a los que han sido víctimas del terrorismo, y que representan a muchos españoles, que un día, por diferentes razones, se hicieron guardias y se les envió a defender las libertades al norte de España. Mientras, la juventud puede optar por ser policía, una profesión necesaria para que usted, como yo, pueda descansar tranquilo. Si se hace una encuesta sobre qué prefieren los ciudadanos, servicios privados o policías, estoy convencido de que optan por los de siempre, los que con su sola presencia dan tranquilidad. Y, desde luego, con los aumentos de las plantillas precisos para que estén en número perceptible y suficiente en sus lugares, aunque suponga incrementar el famoso capítulo I del presupuesto, y desde luego antes que incrementando otros gastos de dudosa demanda social.