YA ES OTRO el umbral de conflictividad en el Oriente Medio después de la aceptación iraquí de la Resolución 1.441 del Consejo de Seguridad. Los relojes de la guerra han suspendido su marcha, el horizonte de la crisis final queda más lejos, el umbral para el conflicto es distinto. La celeridad de la respuesta de Bagdad, en cierto modo, ha cogido a contrapié al tándem angloamericano: se preveía la aceptación; aunque no que fuera tan rápida. Ya se sabe, en fin, que las cosas de Oriente siempre tienen su misterio; las del Oriente Próximo y las del Oriente Extremo. El XVI Congreso del Partido Comunista Chino ha metido a los capitalistas en sus filas; que no al capitalismo, pues éste ya estaba en el Estado. No es aquello de los «millonarios progresistas» a que apuntaba, como parte distinguida de sus pretendidos lectores, una no menos distinguida cabecera periodística; se trata, en este caso, de capitalistas rojos. No todas las épocas son capaces de deparar piruetas de tantísimo fuste. Si ya conocíamos las democracias totalitarias y los liberales fascistoides, o el igualitarismo liberal, nos quedaba por conocer, integrados en el partido histórico de los proletarios, a sus más distinguidos explotadores. También es esto de los comunistas chinos otro umbral; un umbral del sentido común. Rebasando incluso la pirueta de integrar a Turquía en la UE. Habrá de ser europeo, mucho antes que democrático, todo país que quiera integrarse en Europa. Además que tampoco son democráticas las democracias -como la turca- vigiladas por el Ejército; ni comunistas, los capitalistas; ni justamente juzgados quienes -individuos o naciones- son sometidos a un proceso inquisitorial en el que la carga de la prueba corresponde al acusado y no al acusador. Aunque el acusado sea un dictador y no reconozca garantías a nadie de los suyos.